Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«¿Por qué vibramos más con el Dios que habita en un niño que con el que luce entre las estrellas?»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Premios Lolo de Periodismo Joven

Laura M. Otón, IX Premio Lolo de Periodismo Joven Irene Pozo Hernández, VIII Premio Lolo de Periodismo Joven José Beltrán Aragoneses, VII Premio Lolo de Periodismo Joven Cristina Sánchez Aguilar, VI Premio Lolo de Periodismo Joven Laura Daniele, V Premio Lolo de Periodismo Joven Samuel Gutiérrez, IV Premio Lolo de Periodismo Joven Pedro J. Rodríguez, III Premio Lolo de Periodismo Joven Pablo J. Ginés, II Premio Lolo de Periodismo Joven María Gómez Fernández, I Premio Lolo de Periodismo Joven
Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Lolo por los tejados

Poema escrito para Lolo por Rafael Santos, de Obras Misionales Pontificias.

Según Lucy, la hermana de Manuel Lozano Garrido que le cuidó los veintiocho años que estuvo inmovilizado por la enfermedad, Lolo, de pequeño, “se subía por los tejados para ir a la Acción Católica, porque le venía así más cerca y no quería dar la vuelta”.


Sabiendo el Señor los casi treinta años que ibas a pasar en silla de ruedas
—y lo sabía porque Él mismo los iba a pasar allí contigo—,
te concedió que pudieras cruzar de tejado en tejado
para ir a la Acción Católica, donde tú y tus amigos os reuníais con Él.

Es un extraño privilegio nunca otorgado antes
a santo, beato o venerable alguno.

Nacido para saltar de alegría,
te dedicaste entonces a la afición –firmemente desaconsejada por las madres–
de buscar a Dios por los terrados del pueblo,
así como a la tarea –que las golondrinas recomiendan vivamente–
de encontrarle mientras se ve atardecer entre las chimeneas.

Funámbulo de Cristo por las terrazas,
con tus dolores aún bien doblados y guardados en un bolsillo,
tal vez soñaste hablar de la Eucaristía y de la Virgen
en esos raros lugares nunca hollados antes
por misionero, evangelizador o catequista alguno.

Tu coartada, es verdad, era ingeniosa:
“Lo que escuchasteis al oído, pregonadlo desde las azoteas”.
Y como San Francisco predicó a los pájaros y San Antonio a los peces,
quién sabe si no predicaste tú a los gatos,
de tejado en tejado, por Linares.

Rafael Santos Barba, 02/07/2010