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El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

De fontibus Revelationis

14 noviembre 1962; XIX Congregación General

(Extracto del capítulo 5º del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. Presentación del esquema en el aula conciliar

De entre los borradores de siete temas que se enviaron a todos los obispos el 23 de julio 1962 uno —sobre la Liturgia—, ya había quedado totalmente debatido a la espera del estudio de enmiendas y consiguiente votación. Otro, de tales siete esquemas preparados, era el titulado «de las Fuentes de la Revelación» que se presentaba en el aula conciliar el 14 de noviembre 1962.

El Cardenal Ottaviani, presidente de la Comisión para la doctrina de la fe y de costumbres, tuvo una introducción realmente dura

Este esquema había sido preparado por la Comisión «para la doctrina de la fe y de costumbres». La Comisión preparatoria que llevaba tal nombre era presidida por el Cardenal Ottaviani; al promulgarse el nuevo nombre de cada Comisión Conciliar, esta Comisión toma el nombre de «Teológica» y sigue presidida por el Cardenal Ottaviani, que —como tal- presenta el día 14 de noviembre 1962, el trabajo realizado en los años y meses anteriores. Antes de presentar el documento Ottaviani tuvo una introducción realmente dura. Además de pedir una explicación al Presidente Cardenal Tisserant sobre la cuestión propuesta en la primera votación que se hacía en el Concilio (si el documento sobre Liturgia era aceptado o rechazado en su totalidad) Ottaviani hace estas anotaciones: 

a.  Circulan otros esquemas para sustituir este esquema oficial sobre las Fuentes de la Revelación. Si son correcciones, háganse a éste esquema oficial; pero éste y no otro es el esquema que se debe discutir.

b.  Alguien dice que este esquema no es pastoral. Pero el supremo mandato del Señor es «Id y enseñad». Un Concilio no ha de hablar al modo de una predicación sino al modo como lo han hecho los Concilios durante siglos.

c.   Se dice que este esquema no se hace eco de la «nueva teología»; pero un Concilio no es una escuela de teología que «hoy es y mañana pasa como el heno que se echa al fuego».

d.  Espero que con vuestra sabiduría valoréis el trabajo hecho durante dos años por eximios obispos y peritos del mundo entero y de diversas escuelas, y que ha sido refrendado por la Comisión Central preparatoria del Concilio. No se puede prescindir del trabajo y del fruto de la sabiduría de tantos como lo han hecho.

Tras esta introducción, realmente dura, pide el Cardenal que un lector lea la presentación, que él mismo ha redactado, de este documento. Así lo hace el Rvdo. Salvador Garófalo.

La presentación del documento sorprende; tiene algo menos de tres páginas y dos de ellas son para repetir insistentemente las mismas cuestiones que el Cardenal acababa de decir personalmente. Este documento responde a la doctrina católica y al Magisterio de la Iglesia... Hoy se ha avanzado mucho en la investigación de este tema, gracias a Dios, pero se han producido ideas (circumferentur aliqua) entre los eruditos y entre el pueblo sencillo que inquietan a los Pastores sobre la pureza de la fe...

Sigue una página con una brevísima reseña del contenido de cada capítulo y termina insistiendo que este esquema es de «Constitución dogmática», no disciplinar; que se debe hablar muy claro en el tema para que los hermanos separados sepan claramente cuál es la doctrina de la Iglesia.

2. Semana clave en el desarrollo del Concilio

Para entender esta importantísima semana (del 14 al 21 de noviembre del 1962; Congregaciones generales XIX a XXIV); es necesario traer algunos datos, breves, de las diversas posiciones o grupos de pensamiento dentro de los Padres Conciliares.

Por una parte hay que traer a colación el nombre del Coetus internationalis patrum; por otro lado el Bloque centroeuropeo; además hay que mencionar la facción curial con sus diversas líneas, aparte de otro grupos de mayor o menor vivacidad.

Entre sus intereses estaba incluso, si fuera posible, impedir la celebración del Concilio

2.1.     El Coetus internationalis era promovido por Mons. Proença Sigaud, de Brasil. En él se alineó Mons. Marcel Lefevre, que protagonizó luego la separación cismática que no aceptó la herencia del Vaticano II, y el Obispo de Segui (Italia), Mons. Carli. (Mons. Felici, Secretario General del Concilio, provenía de esta diócesis italiana). El grupo era apoyado por la Universidad Lateranense y estaba vinculado a organizaciones políticas de derechas, como son en España «la Sociedad española de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad».

El grupo tenía relación con otros Padres conciliares curiales, como Ottaviani, Browne, Dante... Y entre sus intereses estaba incluso, si fuera posible, impedir la celebración del Concilio.

El líder del grupo, arzobispo de Diamantina (Brasil), Mons. Proença Sigaud, ya dejó clara su mentalidad en los memoranda que envió para la preparación del Concilio hablando del «caballo de Troya» metido dentro de la Iglesia; u oponiéndose a otra pastoral que no fuera la pastoral de cristiandad. En la sociedad revolucionaria, Dios pesca con anzuelo; mientras que en la sociedad cristiana, las almas se pescan con redes. Curiosa frase en que hay que mirar el sujeto del verbo: Dios pesca, en un caso; y en el otro es un sujeto «indeterminado» (se pesca). Pues, bienvenida sea la pesca que hace Dios; que otra pesca, con otro pescador, no será eficaz. Y Dios todopoderoso no tendrá que «esforzarse» más en un modo o en otro.

De esas horas de diálogo surgió la reorientación del Concilio y en concreto la Comisión coordinadora que creó Juan XXIII

2.3.      El Papa había creado un Secretariado para los asuntos extraordinarios, presidido por el Secretario de Estado, Cardenal Gicognani, y al que pertenecían los Cardenales Montini, Suenens, Sin, Meyer, Döpfner, Wyszinsky y Confaloniri. De todos ellos cada viernes se reúnen tres aunque los demás no asistan (Suenens, Döpfner y Montini). Estos tres, como un «gabinete ministerial» tomó el pulso muy bien y cuidadosamente durante toda la primera etapa del Concilio (octubre-diciembre 1962). Sin duda que de esas horas de diálogo surgió la reorientación del Concilio y en concreto la Comisión coordinadora que creó Juan XXIII el 6 de diciembre 1962, para dirigir y encauzar el trabajo en el tiempo entre sesión y sesión conciliar.

No era este un grupo «informal»; era el «Secretariado para los asuntos extraordinarios» y realmente «extra ordinem» era atender a esas corrientes ideológicas contrarias al Concilio y encauzar sus fuerzas y a ello dedicaron su esfuerzo y su lucidez Suenens, Döpfner y Montini.

Defienden una Iglesia de los pobres, apoyándose en las palabras de Juan XXIII: La Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, y, en particular, como Iglesia de los pobres.

2.4.     Para concluir esta nota hay que mencionar otro grupo de gran peso en el Concilio. Estaba liderado por el Cardenal Lercaro, y los obispos Helder Cámara, de Brasil; el obispo de Nazaret (Monseñor Hakim); el de Sahara (Monseñor Mercier) y contaba con más de 50 obispos, al que se une muy pronto el Cardenal de Lyon, Mons. Geltier. Defienden una Iglesia de los pobres, apoyándose en las palabras de Juan XXIII: La Iglesia se presenta como es y como quiere ser, como Iglesia de todos, y, en particular, como Iglesia de los pobres. Así se expresaba el Papa el 11 de septiembre de 1962 en un radiomensaje, justamente un mes antes del comienzo del Concilio. Y a ello aludía el Cardenal Lercaro en su intervención ante el Concilio el día 6 de diciembre 1962 (XXXV Congregación general), cuando se inició la discusión del esquema sobre la Iglesia: Lercaro une su intervención ese día con lo dicho antes por los Cardenales Suenens y Montini.

Aunque esas corrientes ideológicas se habían manifestado en las primeras semanas del Concilio, sin embargo donde aparecen claramente es en el comienzo de la discusión «de Fontibus», es decir, el 14 de noviembre de 1962; y para esas intervenciones se habían preparado intensamente todos los obispos en múltiples reuniones y conferencias durante la semana anterior.

3. Intervenciones de los Padres Conciliares

Abrió el turno de intervenciones el Cardenal Liénart: No me place este documento: La fuente de la Revelación no es la Tradición y la Escritura; sino la Palabra de Dios. Liénart terminaba de este modo: Nuestra fe no se alimentaba con argumentos escolásticos, sino en la Palabra que sale de la boca de Dios. A continuación el Cardenal Frings se adhiere a esa misma posición.

Que se hable «de cada esquema propuesto para aceptarlo o rechazarlo o enmendarlo» (art. 33)

No lo hace así el Cardenal Ruffini que defiende a ultranza el esquema presentado, pues está aprobado por la Comisión central y por el propio Santo Padre; por tanto éste y no otro esquema es el que se debe discutir. Quizá esta postura olvidaba que también el Santo Padre había aprobado el Reglamento del Concilio que decía que se hable «de cada esquema propuesto para aceptarlo o rechazarlo o enmendarlo» (art. 33); o sea que estaba prevista la posibilidad de rechazar un esquema. Y es muy lógico que tal postura se haga porque se tenga otra alternativa que debe ser «conocida»; es decir, si se rechaza un esquema por su contenido es natural que quien lo rechace tenga también una idea distinta de algún modo conocida o por estudio personal, o por conocimiento de lo que otros han estudiado. Más allá va el Cardenal Siri que acepta este borrador como una postura de lógica consecuencia contra el modernismo, y añade: Esta es la opinión del Episcopado italiano; a todos los oí ayer.

La lectura directa de las intervenciones de los Padres conciliares en el aula, no podrá nunca suplirse por unas notas, por muy extensas que éstas sean. Sin embargo, para apreciar la libertad con que intervenían aquellos cardenales y obispos, en alguna ocasión habrá que redactar un resumen, no tan breve.

Es el caso de las intervenciones de aquella mañana del 14 de noviembre de 1962.

Tras los Cardenales Ruffini y Siri intervinieron los cardenales Quiroga Palacios, de Compostela; Léger, de Montreal; Koëning, de Viena; Alfrink, de Utrecht; Suenens, de Bruselas; Ritter, de S. Luis de Norteamérica y Bea, del Secretariado para la unidad.

Es curioso que unos y otros apelen al mismo discurso: la autoridad de Juan XXIII

Las posturas defendidas eran totalmente «encontradas» y es curioso que unos y otros apelen al mismo discurso: la autoridad de Juan XXIII; unos, invocando sus palabras en la apertura del Concilio y otros por respeto al Papa que ha propuesto este «concreto» esquema. El Cardenal Koëning se refería a la doctrina de Pio XII, en la encíclica Divino Afflante Spiritu (1943) que abría nuevos caminos y nueva luz al movimiento bíblico, y sin embargo, este esquema apenas si avanzaba algún paso sobre aquella encíclica. Por su parte, el Cardenal Alfrink se oponía directamente a lo dicho por Ruffini («mi condiscípulo en tiempos pasados»), porque me parece que al discutir si nos parece bien o si debe rechazarse este esquema, precisamente cumplimos lo que el Papa desea cuando nos propone el estudio de un tema sin ninguna restricción.

El Cardenal Suenens, clarividente y sencillo, abierto y a la vez ponderado tuvo una intervención en que en tres líneas dice que se opone al esquema por las razones ya dichas por otros. Pero él quiere centrarse en un «examen de conciencia»: Muchos Padres, por no decir todos, están preocupados por los trabajos del Concilio, su modo de avanzar, o mejor dicho, de no avanzar. Temen que el Concilio Vaticano II sea el Concilio de Trento II.

Como ya pasó en el Vaticano I, puede suceder que no haya que «enmendar» sino «hacer de nuevo»
Por ello propongo que tras hablar del esquema en general, se vote de inmediato si se acepta o no el borrador propuesto, antes de entrar a discutirlo capítulo por capítulo, para no perder el tiempo en discusiones de puntos concretos cuando el esquema completo no agrada; como ya pasó en el Vaticano I, puede suceder que no haya que «enmendar» sino «hacer de nuevo».

En esta misma intervención propone Suenens que se omita el saludo inicial de cada intervención: Eminentísimo Presidente, Eminentísimos Sres., Excelentísimos, Reverendísimos obispos y arzobispos, y se diga solamente: «Venerables hermanos».

En la preciosa intervención del Cardenal Gracias, de Bombay (19 noviembre 1962), dice: Es como el caso de una casa que necesita de una completa renovación: es mejor derribarla entera y hacerla de nuevo. El Cardenal Gracias dice que ya tanto se ha dicho que nada nuevo se puede añadir pero precisamente por eso la discusión será interminable y con una elegancia muy grande dice: No sería cuestión de votar placet o non placet. Eso sería una sentencia y dura; sería mejor decir que este esquema no colma los deseos de muchos. Parece esta frase como un eco de lo que el día 14 anterior dijo el Cardenal Bea, citando a Juan XXIII: Que la doctrina católica se conozca «amplius et altius» y llene plenamente y dé formación a las almas.

Para los obispos de España, el esquema presentado es válido para iniciar su estudio pormenorizado

Una última reseña sobre la cuestión: la intervención de Monseñor Morcillo, entonces todavía arzobispo de Zaragoza. Su intervención lleva la firma —en el texto escrito- de 45 obispos españoles. Dice: ¿Qué discutimos? ¿Según el esquema propuesto por la Comisión, o según aquello que otros ofrecen? Hemos discutido con calor y apasionamiento cuestiones de grupo o de escuela. Unos acusan el esquema propuesto de seguir la línea de una escuela y otros creen que son «de escuela» (y por tanto «discutibles») las opiniones contrarias al esquema. Tras anotar las diversas cuestiones discutidas, concluye que, para los obispos de España, el esquema presentado es válido para iniciar su estudio pormenorizado.

4. Intento de solución al difícil debate

La cuestión realmente se hizo espinosa; el 16 de noviembre, preside el Cardenal Liénart y da un aviso al comenzar: Tratamos un tema de suma importancia. Hablamos «de la fuente de la Revelación» (con sagacidad usa el singular y no el plural)... Conviene que todos sigamos las opiniones de todos aunque sean diversas. En ánimo fraternal y con el corazón meditemos ante el Señor. Ello no le impide llamar la atención a un Padre: Estamos hablando del esquema de las fuentes. Y el orador le responde: Pero de eso ya hemos hablado mucho. Y por eso no continuo.

Fue una semana de angustia aquella entre el 14 y el 21 de noviembre de 1962. Hubo intervenciones que más y más herían y daban tinte dramático: ¡Bastante tiempo hemos perdido, y es catastrófico perder el tiempo sobre todo si son pastores sagrados quienes lo hacen! Os esperan vuestras diócesis que necesitan más de vuestras obras que de tantas palabras...

El 14 de noviembre, sin que su nombre estuviera incluido entre los Padres que ese día iban a intervenir, habló el Cardenal Ottaviani, Presidente de la Comisión redactora del esquema y Monseñor Parente. Éste comienza diciendo: Aceptad que hable en mi propio nombre; no soy la voz del asesor del Santo Oficio (que ése era su cargo).

Pero antes de él intervino Ottaviani, precisamente para responder al Cardenal Doepfner, obispo de Munich, que acaba de hablar. Había citado a los Cardenales Liènart, Frings, Alfrink, Silva, Bea y otros Padres; dice Doepfner: (Hay Padres) que plantean graves dudas sobre el esquema propuesto...; y yo mismo creo que debe ser rechazado este esquema...; hemos oído ya muchas veces que en la Comisión redactora prevalece una dimensión unilateral.

También aquí, en el aula, las minorías son aplastadas.

Dice también que no se admitían las propuestas que se hacían desde el Secretariado para la unidad, que pedía se incluyeran en la Comisión otros peritos especialistas en exégesis...; y concluye diciendo que rechazar el esquema no es irreverente al Sumo Pontífice que dice que «cualquier Padre puede aceptar, enmendar o rechazar». Sin duda que su petición final (que el Presidente de la Comisión —Ottaviani- escoja entre los peritos nombrados por el Papa también a otros que representen otras escuelas teológicas) fue el motivo de que Ottaviani, minutos después, interviniera sin estar incluido en el orden del día; dice Ottaviani: La Comisión trabajó reglamentariamente. Cuando había discusión, se votaba; si lo que decía la minoría no era aprobado es porque ese es el modo de proceder en cualquier congreso... También aquí, en el aula, las minorías son aplastadas.

Fue una intervención áspera; pero también «ingenua» (por decir de algún modo), pues citó sólo dos nombres, Vogt del Instituto Bíblico y Cerfaux, de la Universidad de Lovaina; con lo cual dejaba claro cómo en la Comisión no se había prestado ecuánime atención a las diversas posiciones o escuelas, siendo muchos más los miembros de una corriente «conservadora».

Las «gravísimas angustias» que manifiestan sufrir los que piensan según la Comisión teológica del Cardenal Ottaviani, se reflejan en una carta firmada por 19 Cardenales, y que dirigen al Papa el día 24 noviembre 1962, advirtiéndole de los peligros para la fe católica de la aceptación de doctrinas que se proponen sobre la Revelación, Tradición, Sagrada Escritura y Magisterio. Entre los firmantes están los Cardenales españoles Quiroga Palacios, y Arriba Castro, y quien fuera Nuncio en España, Antoniutti.

El Cardenal Gilroy, que presidía la sesión ese día 17 de noviembre (XXI Congregación general) dijo al concluir Ottaviani: Un Padre conciliar me pasa el texto del artículo 33 del Reglamento: Cualquier Padre conciliar puede hablar de cada esquema propuesto, admitiéndolo o rechazándolo. Atended a esta palabra: «Rechazándolo».

A Monseñor Parente, que habló tras el Cardenal Ottaviani, el Presidente Gilroy le avisó de que su tiempo ya se había cumplido. Pero le concedió un momento que aprovechó Monseñor Parente para decir: Este esquema presentado no es una cuestión de escuelas, sino la sana teología de veinte siglos. No es el mejor esquema, pero que se discuta para mejorarlo.

El Cardenal Frings, sin duda en cuanto miembro de la Mesa de Presidencia, intervino de inmediato para responder a Monseñor Parente: En mi intervención lo que dije fue: Hay una sola fuente que es la Revelación; y de ella brotan como dos ríos que son la Sagrada Escritura y la Tradición. Es lo mismo que también había dicho Monseñor Schmitt: Toda la Revelación se hace en la Persona de Cristo, porque Él es la Revelación de Dios... En la Persona de Cristo se ha realizado la Epifanía de Dios.

El día 16 de noviembre el P. Butler, abad de la Congregación benedicta en Inglaterra tuvo una preciosa intervención. Él era Padre Conciliar, aunque no obispo; comenzó así su intervención: Venerables Padres conciliares, y Padres míos en la fe, porque yo no soy obispo sino discípulo de los obispos; pero sí soy exégeta; y por ello este esquema propuesto me produce ansiedad porque se esperan muchos avances en un próximo futuro en los estudios bíblicos.

Debemos trabajar por manifestar claramente esa unanimidad.

Monseñor Ancel, entonces obispo auxiliar de Lyon y fundador «del Prado» también apelaba a la caridad y a la unidad. Continúa diciendo que lo oído ya en los días anteriores es suficiente para pensar que el esquema no está bien fundamentado. Se trata de que en este esquema doctrinal el camino que se debe mostrar es de unanimidad. Y si eso con este esquema es imposible lograrlo mejor es otro esquema nuevo, pues debemos trabajar por manifestar claramente esa unanimidad.

Se desea esto mismo por el Cardenal Bacci que propone se corte ya la discusión votando los Padres si se pasa al estudio por capítulos; o sea, si se acepta el esquema como base de trabajo.

Otras muy sensatas intervenciones tuvieron el Cardenal Rugambwa: Pidamos humildemente al Papa que se posponga el estudio de este esquema, que se estudie por los peritos, pues cada día apreciamos que no va a obtener la mayoría necesaria o que, incluso, puede producirse una masiva abstención. Los obispos de Venezuela se oponen también al esquema presentado.

El Cardenal Bea había intervenido ya el día primero de discusión:

Pongamos ante nuestra mirada no las escuelas teológicas sino al hombre de hoy. No se trata de atenuar la verdad, sino de exponerla de modo que sea entendida. Y dice: Si se desea mantener este esquema necesita una profundísima remodelación. Tal y como está no dice nada al hombre de hoy.

 5. Una intervención clarificadora

Sin duda que sobre todas las intervenciones la más clarificadora fue la de Mons. de Smedt, obispo de Brujas; habla en nombre del Secretariado para la unidad:

¿Qué es el ecumenismo?

¿Qué es el ecumenismo? ¿Qué debe tener un esquema conciliar para que sirva para un mayor diálogo entre los católicos y los no católicos?

Coincidimos en admitir a Jesucristo unos y otros; pero desde siglos discutimos en el modo de acercarnos a Él. ¡Esto está contra la voluntad del Señor! ¿Cuándo cesará esta división? Por muchos siglos los católicos hemos pensado que bastaba con exponer clara, nítida e íntegra nuestra doctrina. Los no católicos pensaban lo mismo: Cada uno de los dos exponía su doctrina con su terminología, desde su parecer propio. Y lo que unos decían era mal entendido por los otros. Con este método de discusión, no se ha obtenido progreso en la unidad; y al contrario; prejuicios, sospechas, desencuentros y polémicas.

El diálogo ecuménico no es tratar de hacer la unión; es que una y otra parte testifiquen de su fe serena, lúcida y objetivamente, y hasta psicológicamente acogida.

Pero en los últimos decenios se procede con otro método: Con el diálogo ecuménico. ¿Y qué es ese diálogo ecuménico? La característica propia entonces no es cuidar la verdad solamente, sino también cuidar el modo con que la doctrina se expone, para que pueda ser entendida rectamente por otros. El diálogo ecuménico no es tratar de hacer la unión; es que una y otra parte testifiquen de su fe serena, lúcida y objetivamente, y hasta psicológicamente acogida. Nuestras exposiciones conciliares tendrán espíritu ecuménico si usamos todos los medios para que los no católicos puedan entender mejor cómo comprende y vive la Iglesia el misterio de Cristo.

Me atrevo a proponer algunas condiciones para que haya verdadero diálogo:

  1. Debemos conocer cuál es la doctrina actual de los ortodoxos y de los protestantes: su fe, su vida litúrgica, su teología.
  2. Conocer qué opinan ellos de nuestra doctrina; qué puntos de ella son entendidos rectamente por ellos y cuáles no.
  3. Qué puntos creen los no católicos que no están claros en nuestra doctrina y —según ellos — los hemos omitido o no los hemos esclarecido suficientemente y
  4. Examinar si nuestro método de hablar es difícilmente conocido por ortodoxos y protestantes porque usamos un lenguaje escolástico. Hablar desde el lenguaje bíblico y patrístico remueve dificultades y evita confusiones y prejuicios...

El Santo Padre adscribió al Secretariado para la unión grandes especialistas en ecumenismo. El propio Secretariado ofreció estos especialistas a la Comisión Teológica, pero no sé las razones (ni debo juzgarlas) por las que la Comisión Teológica rechazó a estos peritos. Propusimos crear una subcomisión mixta; pero la Comisión Teológica nos respondió: No, no queremos.

Entonces la Comisión Teológica cargó con la dificilísima tarea de dar carácter ecuménico a los esquemas. ¿Con qué éxito? ¿Hemos oído las intervenciones de los Padres?

Los Padres que viven en Oriente o entre protestantes han puesto de relieve que a este esquema le falta espíritu ecuménico. Los Padres que viven en territorios católicos piensan que no le falta al esquema espíritu ecuménico. Con toda humildad pedimos a estos Padres que examinen si en estos textos propuestos se considera realmente el método del espíritu ecuménico.

De todos modos; el Secretariado para la unidad recibió del Santo Padre el encargo de trabajar para que en el Concilio el diálogo con los no católicos se pueda desarrollar felizmente. Os rogamos que escuchéis esta opinión del Secretariado: Este esquema está muy deficiente de ecumenismo y no favorece un progreso del diálogo con los no católicos sino un retroceso; no una ayuda sino un impedimento, más aún: un tropiezo.

Si este esquema de la Comisión Teológica no se enfoca de otro modo, nosotros seremos responsables de la frustración de las esperanzas de todos aquellos que, presididos por Juan XXIII con la oración y el ayuno, desean que el Vaticano II sea un paso notable para lograr el deseo de Jesucristo: Que todos sean uno.

6. Votación a una propuesta para buscar solución

Tras esta intervención (Del 19 noviembre 1962) siguieron otros 8 más en ese mismo día; y el día siguiente, presidiendo el Cardenal Frings, arzobispo de Colonia, se leen los nombres de los trece Padres que todavía desean hablar sobre lo mismo en ese día. Al concluir la intervención del quinto de ellos, el Presidente Frings da la palabra al Secretario General que lee la siguiente propuesta formulada por la Mesa de la Presidencia (los 10 Cardenales): Si la discusión del esquema de la Constitución Dogmática de Fontibus Revelationis debe interrumpirse. Se van a repartir las papeletas de votación y se responderá placet o non placet.

Antes de leer esta propuesta en las diversas lenguas, de nuevo interviene el Presidente: Aunque esta propuesta no satisfaga a todos los Padres, yo personalmente me uno a ella de todo corazón porque me parece una solución óptima y pacífica, honrosa para la Iglesia y para todos muy conveniente.

Se conceden 11 minutos para que los Padres intercambien opiniones. De nuevo el Secretario General repite y repite el aviso: ¡Placet quiere decir que non placet el esquema! Si alguien se ha equivocado al rellenar su voto, no rompa la papeleta, sino la entrega al acomodador para que éste le dé otra papeleta nueva.

7. Resultado de la votación y posterior decisión de Juan XXIII

En ese momento vuelve a hablar el Secretario General: Mañana se dará el resultado del escrutinio sobre rechazar o no en bloque el esquema; pero como no se sabe el resultado aún, procede comenzar con las intervenciones sobre cada capítulo. Si la votación da como resultado que se rechace el esquema, mañana se presentará el esquema sobre los MMCCSS.

El Cardenal Frings lo anuncia y Monseñor Felici lee el resultado:

Votantes 2.209 | Placet 1.368 (que se interrumpa la discusión) | Non placet 822 (que se continúe discutiendo capítulo por capítulo) | Nulos 19

La mayoría requerida de dos tercios es de 1.473. Por tanto, por mandato del Presidente se continuará la sesión mañana sobre este esquema.

Llegó el 21 noviembre 1962. Preside el Cardenal Ruffini, arzobispo de Palermo. Pero Monseñor Felici da cuenta, por mandato del Secretario de Estado, de lo siguiente:

El Santo Padre dispone que todas las propuestas sean examinadas por una comisión mixta de miembros de la Comisión Teológica y miembros del Secretariado para la unidad. Su tarea será enmendar y perfeccionar el esquema

Efectivamente, no se obtuvo la votación de dos tercios requerida en el Reglamento. Pero, por las fuertes razones aducidas en los días anteriores por quienes se oponían al esquema, el Santo Padre dispone que todas las propuestas sean examinadas por una comisión mixta de miembros de la Comisión Teológica y miembros del Secretariado para la unidad. Su tarea será enmendar y perfeccionar el esquema. El esquema así volverá al Concilio para su estudio por los Padres. Por tanto ahora continuemos con las intervenciones sobre la introducción y el capítulo I, hoy miércoles 21 de noviembre (xxiv Congregación general). El próximo viernes, 23 de noviembre (Congregación general xxv) se presentará y se comenzará el estudio del esquema MMCCSS.

Se cerraba así una semana de las más duras y difíciles en todas las etapas del Vaticano II. En ese día 21 de noviembre intervinieron 16 Padres sobre el proemio y el capítulo I. No hubo ni un solo aviso «extra», ni por el Presidente ni por el Secretario. Ya fue suficiente con la lectura en ese 21 de noviembre de la nota escrita por el Cardenal Secretario de Estado de parte del Papa.

Es digno de anotar el dato que se refiere en el volumen de Actas, referentes a las reuniones del Consejo de Presidencia del día en que intervino el Santo Padre resolviendo este resultado en favor de la mayoría, que no era de dos tercios. El Consejo de Presidencia se reunía, casi siempre en la misma aula conciliar al término de las sesiones conciliares. Comentan los incidentes o determinaciones o avisos necesarios, o irregularidades advertidas. La última acta de este Consejo de Presidencia tiene fecha del 19 noviembre 1962. Y al pie de ella hay una nota que dice: Después que la decisión del Consejo de la Presidencia de proseguir la discusión del esquema «de Fontibus Revelationis», fue anulada por el Sumo Pontífice (el día 21 noviembre 1962) el Consejo no tuvo ya casi ninguna reunión. Fecha de la nota, el día 1 diciembre 1962.

La nota, así sin más, podría interpretarse como un «plante» de los 10 Cardenales de la Mesa al propio Papa. Pero en realidad no fue así pues el Consejo de Presidencia resolvió la petición del Cardenal Ottaviani con posterioridad a la discusión del de Fontibus, cuando se iba a presentar el esquema de Ecclesia (el día 29 noviembre 1962). Más bien hay que pensar que ya en esas fechas finales de la primera etapa se iba a crear otro organismo: La Comisión de coordinación de los trabajos del Concilio, cuyas competencias con el Consejo de Presidencia iban a ser muy paralelas. Pero el día 22 noviemnbre 1962 se hace pública la composición de la Comisión mixta que reelaborará el esquema de Revelatione. Serán presidentes tanto Ottaviani como Bea; y miembros de la Comisión los Cardenales Liènart, Frings, Ruffini, Meyer, Lefebvre y Browne.

El esquema comienza ahora una distinta andadura; hasta la meta final serán muchas etapas y con arduos y difíciles pasos.

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