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CAPÍTULOS DE ESTE TRABAJO:
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El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

La discusión sobre el esquema de Liturgia

Las Congregaciones Generales 6ª a 18ª

(24-X al 13-XI-1962)

(Extracto del capítulo 3º del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. El «rodaje» lento de las primeras semanas

Durante bastantes sesiones se estudió el esquema de Liturgia; primero en una serie de intervenciones que opinaban sobre el documento en general y después capítulo a capítulo. Los Padres aún no tenían experiencia de este trabajo. La lentitud en este primer esquema hacía inalcanzable la primera meta o aprobación del primer documento. El criterio a seguir en el estudio era el siguiente: primero intervenciones de los Padres sobre el esquema en bloque, y luego punto por punto. Así se les recuerda a los Padres el día 23 octubre 1962, en la Congregación General 5ª, es decir, al día siguiente de haber comenzado las intervenciones sobre el documento de la Liturgia que era el primero en estudiarse.

De hecho hay que tener presente una cuestión: los frutos del Concilio no son tanto el número de intervenciones, cuanto las votaciones que aprobaban o rechazaban: la votación es como un referéndum en el que todos los Padres votaban.

No podemos olvidar la regla de las mayorías silenciosas

Cierto que en el estudio de cada esquema, del total de 16 que fueron los documentos aprobados en el Concilio, es muy interesante leer cómo fueron las intervenciones que opinaban sobre el tema presentado en su totalidad o sobre algún capítulo o apartado del mismo. Esas intervenciones pueden dar una impresión de un debate con apariencia de «equilibrio de fuerzas: a favor o en contra». En ello se podría seguir pensando, al continuar leyendo las concretas intervenciones sobre cada capítulo: es lógico que intervengan los que quieren modificar una frase, un capítulo o una orientación; pero no podemos olvidar la regla de las mayorías silenciosas. En relación a estas “mayorías”, hay que decir: desde el 2º día de Concilio (el 13 octubre 1962) los Padres al llegar a la sesión «fichaban» todos los días: entregaban su propia cédula indicadora de la asistencia con sus datos personales. Aquel 2º día asistieron 2.358.

Es curiosa la advertencia que da el Secretario General, Monseñor Felici, ya el 23 de octubre de 1962: el Reglamento del Concilio establecía que ningún Padre podía ausentarse sin causa, que había de ser conocida por el Presidente del Concilio, y después de haber recibido licencia para ello. Aunque la prescripción venía del propio Codex, realmente era un tanto complicado el mecanismo: solicitar exponiendo la causa; valoración de la causa por el Presidente; concesión del permiso y, sólo después de recibida la licencia, poder ausentarse. Esto llevaba sus inconvenientes: los problemas propios de cada diócesis podían urgir en un momento la presencia del obispo que, si esperaba toda la tramitación, podría ser tarde cuando llegara a su diócesis; además sin duda los permisos eran muchos y el Presidente quedaba hipotecado en su tarea, ocupado en este menester. Por eso el día 23 de octubre 1962 se comunica a los Padres que necesiten ausentarse por grave motivo, que basta con comunicarlo a la Secretaría General, sin esperar a recibir el permiso.

Domine, ne repetas quod dictum est

Pero el tema de estudio sobre la Liturgia ciertamente se va demorando en exceso. Y eso a pesar de la energía con que el Cardenal Ruffini, que presidía la 8ª Congregación general (27 octubre 1962), intervenía en ese día: solicita a los Padres que no repitan lo que ya se ha dicho antes. Y los obispos aplaudieron. Pide que si algunos quieren renunciar a hablar lo digan, pues 11 obispos ya han renunciado al uso de la palabra; dice también que «hoy mismo» debe empezar el estudio del capítulo ii, pero todavía hay 40 que quieren hablar del capítulo i; a algún obispo se lo advierte en el mismo curso de la intervención: Domine, ne repetas quod dictum est («Señor, no repitas lo que ya se ha dicho»); advierte que no excedan los 10 minutos concedidos. Y cuando avisa a otro Padre que se ha terminado su tiempo y éste le pide «dos palabras», él, tajante, le dice: No, no. Te ruego que pongas fin. Y de nuevo hace las cuentas: Van 25 intervenciones y aún quedan más de 30.

Pido humildemente que no aplaudáis, pues a veces los aplausos también pueden defraudar

En esta misma sesión 8ª, intervino el obispo de Canarias, Mons. Pildáin y Zapiáin. Era una «arenga» vibrante sobre el cobro de tasas por la administración de sacramentos pues Jesús pauper nascens, pauper vivens et pauper moriens (pobre nació; pobre vivió y pobre murió). Cuando el tiempo corre el Cardenal Ruffini le dice: Concluye ya tu preciosa intervención; y añade Pildáin aún dos o tres frases más. ¡Quidam patres plaudent! (Algunos Padres aplaudieron); y de nuevo Ruffini: Pido humildemente que no aplaudáis, pues a veces los aplausos también pueden defraudar.

2. Intentos de avanzar más rápidamente

El asunto de los aplausos fue motivo de «regulación», unos días más tarde, también presidiendo Ruffini: en la Congregación XVI (10 noviembre 1962); y se da una razón «contundente». Si se permiten los aplausos cuando algo guste, también había que aceptar «las explosiones» cuando algo disguste. Pero se añade algo más Eso crearía divisiones. Y además advierte:

Que nadie en sus intervenciones, sin exceptuar a ninguno, cuide no menospreciar el trabajo de la Curia Romana pues ellos dedican su tiempo al servicio del Papa, guiados por los Cardenales Prefectos de las respectivas Comisiones o Congregaciones

Añade con su peculiar humor: Han pedido la palabra para hoy 50; estaremos muy satisfechos si al menos son 30 los que pueden intervenir. Esto se dice en la Congregación XVI (10-XI-1962), que preside Ruffini, quien hace esas observaciones.

En la misma Congregación XVI tras 18 intervenciones sobre el capítulo 4º de Liturgia, interrumpe la sesión el Cardenal Ruffini: Nada nuevo se está diciendo sobre este capítulo. Por tanto quienes crean que el tema está suficientemente debatido, pónganse en pie... Al parecer, la totalidad de los Padres está de acuerdo con la propuesta. Por tanto se continúa con las intervenciones sobre los capítulos 5º a 8º, opinando sobre todos estos capítulos en conjunto por quienes así lo deseen.

3. Nuevo tema a estudio

El día 13 noviembre 1962, en la Congregación General XVIII, preside el Cardenal de Utrech, Bernardo Alfrink. Después de 22 intervenciones en esa sesión (además de las intervenciones de la sesión XVI y XVIi anteriores) sobre los capítulos 5º al 8º de Liturgia, el Cardenal Alfrink pregunta a la Asamblea si les parece que ya está el esquema suficientemente discutido. (Fere omnes Patres surgunt). El recuento visual se hace por los ayudantes-acomodadores de cada sector. Ante el resultado se anuncia: Mañana comenzará el estudio del esquema sobre las Fuentes de la Revelación.

Si podemos contabilizar hasta 328 intervenciones habladas en el aula sobre el esquema de Liturgia, también hay otras 350 escritas que no fueron leídas en público pero que sí fueron todas objeto de estudio de la Comisión.

4. La primera votación sobre un esquema

Un «descuido» en el modus procedendi: la votación sobre el esquema de Liturgia en su totalidad.

Lo establecido, como se dijo antes, es que tras las intervenciones sobre el esquema en general, y antes de estudiar el esquema capítulo a capítulo, se hiciera una votación sobre aceptación o rechazo del esquema, es decir, rehacerlo de nuevo pues el texto presentado disgusta al aula al menos en sus dos tercios; o aceptarlo, en esa misma proporción, y entonces comenzar a discutir punto por punto. Con los temas apuntados en esas intervenciones primeras se daba un iter concreto a los miembros de la Comisión: reelaborar el esquema, es decir, hacer otro nuevo; o por el contrario, si había sido aceptado, ir estudiando ya las enmiendas al texto aceptado en bloque y discutido capítulo a capítulo posteriormente.

El día 23 de octubre 1962 se concluyeron las intervenciones sobre el esquema de Liturgia en general y tras un aviso de Mons. Felici, se comienza en ese mismo día a estudiar capítulo por capítulo; o sea, se olvidó hacer esa votación concreta: si placet o non placet, el esquema presentado para seguir estudiando capítulo por capítulo, o si se rechaza para que se prepare uno nuevo.

El Presidente, Cardenal Gilroy, indicó la precedencia de los oradores de cada día y así se observaría a lo largo de todo el Concilio

La situación puede considerarse irregular. La Comisión de Liturgia trabaja sobre las enmiendas concretas; pero queda esa laguna. Incluso «algunas» intervenciones del día 22 y 23 de octubre 1962, habían pedido que se rehiciera el esquema: que tenía lagunas en su lenguaje por lo que debía remitirse a estudio de una Comisión mixta (Liturgia y Dogma).

Antes de comenzar la primera intervención de ese día 22 de octubre 1962, el Presidente, Cardenal Gilroy, indicó la precedencia de los oradores de cada día y así se observaría a lo largo de todo el Concilio: Cada día hablarán en primer lugar los Cardenales que deseen, según su orden de Cardenales-obispos, Cardenales-presbíteros y Cardenales-diáconos; luego los Patriarcas y los Arzobispos según su antigüedad, y finalmente los Obispos. Para ese día 22 de octubre ya tenían pedida la palabra 25 oradores, de ellos 9 Cardenales.

Surgía una duda un tanto preocupante: Si cuando vengan las enmiendas al aula alguien pide votación sobre el esquema general y fuera entonces rechazado ¿para qué ha servido el trabajo de la Comisión de Liturgia estudiando las enmiendas?

Lercaro, el Cardenal perito en Liturgia, veía las diversas posturas frente al esquema en todas las intervenciones que se habían tenido. Era necesario cortar esa duda. Si más adelante se rechazara en bloque el esquema (incluso después de haber llevado al aula las enmiendas —cosa que no podría hacerse ya en 1962-), y si además se apostara por una futura Comisión mixta, bien podría pensarse en que toda la Reforma Litúrgica quedara ya aplazada «sine die», o sea que no entraría en el aula en etapas posteriores.

Intervino «con sus buenos oficios» el Cardenal Montini a través de su perito-teólogo, Colombo; y el día 14 de noviembre de 1962 (en la Congregación General xix) el Presidente, que ese día es el Decano del Colegio cardenalicio, Tisserant, hace esta propuesta, que el Secretario General explica: Esta propuesta la hace el Cardenal Tisserant directamente, y no es una propuesta proveniente de los 10 Cardenales que forman el Consejo de Presidencia: La moción que se propone a la asamblea es la siguiente: Terminada la discusión del esquema de sacra Liturgia, se propone a la votación de la asamblea la siguiente moción:

1. El Concilio Ecuménico Vaticano Segundo, visto el esquema de sacra Liturgia, aprueba los criterios que le inspiran, puesto que se enderezan a hacer —con prudencia y comprensión- las diversas partes de la Liturgia más vitales y formativas de los fieles, conforme a las modernas exigencias pastorales.

2. Las enmiendas propuestas en la discusión conciliar, tan pronto como sean examinadas y en la debida forma compiladas por la Comisión conciliar de “re litúrgica”, sean diligentemente sometidas a votación en la Asamblea del texto definitivo».

Es la primera vez que los Padres van a votar sobre un texto del Concilio. Se les avisa: No confundir la papeleta; es de color azul y en ella se marca con lápiz magnético el recuadro que se desee: Placet, o Non placet. No es necesario firmar el voto, pues cada papeleta lleva los datos personales del votante.

La votación sobre si se acepta el documento de Liturgia, tenía dos cuestiones; el propio Cardenal Tisserant dijo que era una propuesta personal escrita por él y no acordada por el Consejo de la Presidencia. Detalle que fue tomado en cuenta por el arzobispo Dino Staffa, entonces secretario de la Congregación Vaticana para los Seminarios y uno de los Padres conciliares de la batalladora minoría curial. Él escribe una carta al Cardenal Secretario de Estado, H. Cicognani, denunciando el hecho y la invalidez del mismo, por lo que debe ser sanada esta votación por el Santo Padre. El Cardenal Secretario le responde diciéndole que el resultado de la votación ha sido «sanado» por el Santo Padre.

Tras esta votación conciliar, y antes del escrutinio, interviene el Cardenal Ottaviani para presentar el esquema sobre las fuentes de la Revelación. Pero Ottaviani no se resiste a hacer antes una pregunta al Presidente Tisserant: Si el Presidente lo desea, que dé una explicación a esta cuestión: ¿Cómo con un solo voto se puede responder a dos cuestiones? Pues a alguien puede parecer bien una cuestión y no así la segunda. Hecha esa advertencia, Ottaviani comenzó su presentación del esquema «de Fontibus», con el que comenzaba una semana de las más difíciles y ásperas de todo el Concilio.

Esta votación sobre si se acepta el esquema en general es crucial. El resultado pudo publicarse en la misma sesión: votantes 2.215 (mayoría de 2/3 es 1.476); votaron placet 2.162; non placet 46; nulos 7.

Por si no había quedado claro (ya que el resultado lo leyó el Secretario General, sin ratificación del Presidente), al final de la sesión, antes de concluir, dice Tisserant, como una contestación a lo pedido por Ottaviani: Quizá no sea necesario. Pero lo digo: la votación hecha, recontados ya los votos, ha sido aprobada. Puede parecer una «minucia»; pero es la visión serena y profunda que garantiza el trabajo y la claridad y verdad de las decisiones conciliares, atajando futuras actuaciones que se opondrían al sentir prácticamente unánime: 2.162 votos favorables frente a sólo 46 en contra.

5. Un ruego desde las misiones

Entre el 22 de octubre (4ª Congregación General) y el 13 de noviembre 1962 (18ª Congregación General), en 15 sesiones, se discutió todo el esquema sobre la Liturgia. Muchas intervenciones son preciosas; alguna otra intervención veía incluso «peligroso» el esquema en cuanto a expresiones o formulaciones. Ottaviani dice que «todos amamos la Liturgia», pero que tal amor sea moderado; se defiende por algunos apasionadamente la continuidad del latín en la Liturgia, pero también apasionadamente el obispo de Cuernavaca dice:

Ante Dios una y otra vez pido a aquellos Padres que creen que no es necesaria una adaptación de la Liturgia que nos compadezcan a todos lo que sentimos esta necesidad y a los fieles que esperan de nosotros esta verdadera reforma.

6. Los Padres españoles hablan sobre la Liturgia

Los Padres españoles que intervinieron sobre Liturgia fueron abundantes; alguno de ellos varias veces tanto por escrito a uno u otro capítulo del esquema como de palabra en el aula. En total son 52 intervenciones, entre las sesiones 7ª y 17ª; de tales intervenciones 13 lo hicieron por escrito; intervienen también el obispo de Mallorca, Enciso Viana, que además fue ponente en alguna de las sesiones en que se referían las enmiendas aceptadas o rechazadas por la Comisión a la que pertenecía él, y el Cardenal Albareda y el obispo de Vich, Masnou Boixeda, junto con el Cardenal Larraona, que —aunque fue el presidente de la Comisión- tuvo un protagonismo menos que discreto.

La puesta en práctica de la Constitución sobre la Liturgia más bien la realizó el «Consilium», fundado por Pablo VI el 3 de marzo 1964; al frente del mismo el Papa colocó al Cardenal Lercaro; este Consilium perduró hasta el 9 de abril 1970, cuando se crea la nueva Congregación para el culto; y fue como un organismo “paralelo” a la Congregación de ritos, que presidía Larraona.

 7. Algunas intervenciones más notables en el aula

Se desea dar un nuevo impulso a la promoción de la Liturgia en la Iglesia, según la renovación establecida en el Vaticano II (Benedicto XVI)

Sería interminable resumir las intervenciones de cada Padre en el Concilio; eso supondría un estudio de especialización. Sin embargo dos notas finales: El día 13 de noviembre 1962, día en que se concluía el estudio pormenorizado del esquema sobre la Liturgia el Cardenal Secretario de Estado, H. Gicognani, anuncia que el Papa Juan XXIII ha concedido que en el canon de la misa se incluya la mención de S. José; sobre ello había hablado el día 5 de octubre 1962 de un modo exhaustivo y con petición vehemente el obispo de Haití, Mons. Cousineau.

Para concluir, vendrá bien recordar unas palabras de Benedicto XVI, que en su escrito Quaerit semper (1 octubre 2011) dice: Se desea dar un nuevo impulso a la promoción de la Liturgia en la Iglesia, según la renovación establecida en el Vaticano II en la Constitución Sacrosanctum Concilium (S.C.; sobre la Liturgia). Es una cita obligada para que la esperanza se mantenga viva: no hizo mal el Concilio en su tarea de restaurar o renovar la Liturgia.

7.1. El día 30 de octubre 1962 se discutía el capítulo ii; el Cardenal Gracias, arzobispo de Bombay habla de la concelebración y de la oportunidad de fomentarla. Pero sus palabras cambiaron pronto de tono y de tema: ¡De rodillas os suplico: rogad por nosotros!

¿Qué sucedía para tal llamada? Hoy los 72 obispos de la India que estamos en el Concilio nos planteamos si seguir aquí o marchar allí... al menos dos de nosotros, certísimamente, deben volver: India va a ser invadida por China y las dos diócesis de estos dos obispos indios están a menos de 160 km. del ejército de China... Rezad por nuestra patria que hace sólo 15 años recibió la independencia; para que la Iglesia católica tenga allí la suficiente libertad...

7.4. El Cardenal Koëning, de Viena, recoge y subraya las dos intervenciones tanto del Cardenal Alfrink como del Cardenal Bea, del día anterior:

Que en la oración de los fieles, que seguirá al Credo o a la Homilía, se pida por los pobres, enfermos, faltos de vivienda, los que tienen hambre, etc (Mons. Pildáin)

El aspecto sacrificial de la Eucaristía y la comunión bajo las dos especies son los temas que estos tres Cardenales fundamentan preciosamente desde un punto de vista histórico y bíblico. Desde Argentina (Mons. Elchinger) tiene una argumentación poderosa: Si se impone la obligación del precepto dominical a unos jóvenes y adultos que, por la masificación en que viven, están buscando más y más unos modos de comunicación vivida, y se les niega el modo y gozo de hacerlo en «viva comunicación», no nos extrañe que esos mozos se vayan a otras sectas o incluso a grupos ateos.

7.5. El Cardenal Tisserant, que presidió esta xi Congregación General (del 31 de octubre) fue muy diligente en el «toque de campanilla» a todos los que se excedían de los 10 minutos de intervención. En ello insiste el Cardenal Liénart, al día siguiente: que cada Padre conciliar en su intervención no repita lo que otros han dicho y que si algo nuevo se desea decir se procure que uno hable en nombre de muchos que opinen igual sobre tal o cual tema.

7.8. Habla en el aula el obispo de Canarias, Mons. Pildáin. Pide que en la oración de los fieles, que seguirá al Credo o a la Homilía, se pida por los pobres, enfermos, faltos de vivienda, los que tienen hambre, etc., etc.; de cada uno de esos se entretiene en explicar «ardentísimamente» sus dolores; la enumeración no acaba. El presidente le dice: Satis (basta ya). Pildáin continúa. De nuevo el Presidente: Satis. Pero Pildáin continúa. Y por tercera vez el Presidente: Satis, satis.

7.10. Un Padre comparó los vestidos de 1ª Comunión con un «concurso de vanidades» y citaba a S. Pablo: In hoc non laudo! (En esto no os alabo).

7.11. El día 7 de noviembre 1962 (XIV Congregación General) el Secretario general dio un aviso: Mañana, jueves, el Santo Padre celebrará el funeral por todos los Cardenales y Obispos recientemente fallecidos; será a las 10 de la mañana. Se invita a todos los Padres a la asistencia. Ese mismo día se va a comenzar el debate del capítulo de Liturgia dedicado al oficio divino pero inmediatamente antes, hablando de los sacramentos todavía, hubo otra intervención que es muy oportuno recordar. Era la primera vez que hablaba en el aula un joven obispo.

Karol Wojtyla 1967Había nacido el 18 mayo 1920 y el 28 de septiembre de 1958 había sido ordenado obispo. Él deseaba que aquella ceremonia de su ordenación episcopal fuera comentada en su lengua natal mientras se iba realizando simultáneamente en latín. Aquel obispo electo se sentía vinculado a la renovación litúrgica e ideó una alternativa: hacer folletos manuscritos que explicaran toda la ceremonia. El sacerdote que iba a ser ordenado sería obispo auxiliar, nombrado como tal por Pio XII que murió 11 días después. Era Carlos Wojtyla, quien asistirá al Concilio Vaticano II en 1962 como Vicario capitular de Cracovia, ya que el arzobispo había muerto el 15 de junio 1962 y él, su obispo auxiliar, fue elegido para regir la diócesis hasta que se nombrara nuevo obispo para Cracovia. Pablo vi, el 30 diciembre 1963 designará a este mismo Wojtyla como arzobispo de Cracovia. Luego, siendo ya Juan Pablo II, hablará del Concilio muchas veces y llamará a aquella asamblea «seminario del Espíritu Santo».

Aquella primera intervención de Wojtyla en el Concilio (7 de noviembre 1962) fue sobre la urgencia de que los padres y padrinos del bautismo de niños fueran preparados de modo que ellos «sepan todo aquello que proporciona un catecumenado a un adulto», y esto si no hay un «gravísimo» motivo que lo dispense.

La intervención, por tanto, es muy interesante pero el planteamiento desde el que lo hace es aún más:

El cuidado pastoral, sin la celebración de los sacramentos pierde su valor esencial y sobrenatural; y la celebración de los sacramentos, sin un contexto pastoral en el cuidado de los fieles, pierde su debida fuerza.

7.16. Los obispos de Chile, a través de Mons. Larraín Errázuriz, tienen una intervención muy contundente al hablar de los «objetos sagrados» de la liturgia: piden que el culto sea bello y decoroso pero hablan del uso social de la riqueza llegando a decir que

La belleza no es el esplendor de pompas y riquezas sino el «esplendor de la verdad», porque la Iglesia debe ser Iglesia de los pobres
la belleza no es el esplendor de pompas y riquezas sino el «esplendor de la verdad», porque la Iglesia debe ser Iglesia de los pobres.

7.17. Con el paso de cada día iba avanzando la experiencia. Sin embargo el día 13 de noviembre 1962 (XVIii Congregación general) el Secretario general recuerda a los Padres que sus intervenciones se reduzcan a proponer las enmiendas que deseen al texto que se discute; que se les recomienda que entreguen dos copias escritas de sus propuestas pero necesariamente al menos deben entregar un esquema de su intervención; sin ello no podrá concederse la palabra en el aula. La lista de quienes desean intervenir ese día 13 de noviembre es interminable.

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