Ir a la página principal
CAPÍTULOS DE ESTE TRABAJO:
Para ver la fecha de publicación de cada capítulo,
pase el ratón por encima del título
El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

Comienzo del estudio de los esquemas propuestos

Congregación general del 22 de octubre de 1962

(Extracto del capítulo 2º del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. Meta del Concilio

El desarrollo del Concilio sería bueno si recorría el camino y se alcanzaban los fines previstos por el Santo Padre.

Juan XXIII, sólo tres meses después de ser elegido como Romano Pontífice, el 25 de enero de 1959 estando en la Basílica romana de S. Pablo extramuros, sorprende a los Cardenales y al mundo entero con sus palabras:

Con un poco de temblor por la emoción, pero al mismo tiempo con una humilde resolución de nuestra determinación, pronunciamos delante de vosotros el nombre de la doble celebración que nos proponemos: un Sínodo diocesano para Roma y un Concilio ecuménico para la Iglesia universal; y añadió: ambos conducirán felizmente a la puesta al día, esperada y deseada, del Código de Derecho Canónico.

No intento en absoluto detenerme en el tiempo que transcurre entre ese 25 de enero de 1959 (anuncio del Concilio) y el 11 de octubre de 1962 (apertura del mismo). Pero sí dejo ahora estas preguntas: ¿Era conveniente y oportuno un concilio? ¿Era una aventura de un Papa anciano? ¿Venía ya desde años atrás, concretamente con Pío XII, preparándose la idea?

¿Y cómo fueron las primeras reacciones, ante tal anuncio, entre el episcopado universal y la Curia romana? ¿Por qué pasan meses en un casi total silencio sobre el tema, hasta que empiezan las consultas y comisiones ante-preparatorias? ¿Iba a ser continuación del Concilio Vaticano I, que se interrumpió sin clausura propiamente tal?

Todas esas cuestiones pueden tener una respuesta sencilla o no tan sencilla: era necesario un tiempo para reflexionar el modo y método de comienzo. O resolver si continuar el Vaticano I ó hacer uno nuevo, pues el Vaticano I fue suspendido prácticamente en sus inicios: el día 18 julio 1870 se definió el dogma de la Infalibilidad pontificia, y el 19, al día siguiente, estalló la guerra franco-prusiana; y el 20 de septiembre los piamonteses, en su lucha contra los Estados Pontificios, habían invadido Roma. Por estos hechos los obispos volvieron a sus diócesis y el Concilio quedó interrumpido y suspendido aunque sin clausura oficial.

Para esas cuestiones anteriores basta acudir a alguna historia del Vaticano II. La realidad es que Juan XXIII dio por clausurado aquel Concilio anterior y, el de ahora, será el segundo de la serie de los celebrados en el Vaticano, y el XXI de los Ecuménicos en la Historia de la Iglesia.

¿Son todas estas encíclicas el entramado del Concilio Vaticano II? Sin duda que sí.

Por otra parte los grandes temas de “renovación” (liturgia, ecumenismo, retorno a las fuentes bíblicas y patrísticas, «redescubrimiento» de la Iglesia...) habían ido dando pasos más o menos lentos pero muchas veces muy firmes. Baste recordar algunas encíclicas de Pío XII que son el signo de ese «cambio» que venía produciéndose en la reflexión teológica y en la praxis de la vida cristiana: En 1943 Pío XII había escrito dos encíclicas de gran profundidad y de acogida muy amplia: sobre la Iglesia (Mystici Corporis, del 29 junio) y sobre la Sagrada Escritura (Divino afflante Spiritu, del 30 septiembre). Otra encíclica de gran resonancia, Mediator Dei, sobre la liturgia se publicó el 20 de noviembre de 1947. La tarea misionera, como algo esencial en la vida de la Iglesia fue el tema de otra, titulada Evangelii praecones, del 2 junio 1951. Los nuevos medios de comunicación social (cine, radio, TV) no son ajenos a la mirada y enseñanzas de Pío XII (Encíclica Miranda prorsus, del 8 septiembre 1957).

Muchos años antes, León XIII, en la Rerum novarum (15 mayo 1871) y Pío xi —cuarenta años después (Quadragessimo anno)- tratan de modo valiente y novedoso sobre la justicia social.

¿Son todas estas encíclicas el entramado del Concilio Vaticano II? Sin duda que sí. Desde el anuncio de Juan XXIII de un Concilio, el día 25 de enero 1959, se da mucho relieve a la palabra aggiornamento; el propio Papa cuando convoca oficialmente el Concilio el día 25 diciembre 1961 usa el término evangélico de «los signos de los tiempos» (Mt. 16, 3).

Alguien dijo que los concilios tienen tres momentos, y cada uno de ellos con su propio protagonista: la hora de los hombres, la del diablo, y la de Dios. Quizá sea verdad, aunque no se sepa cuándo sea la hora de los hombres o del diablo. Pero sí se sabe que siempre es el “HOY de Dios”. Y también es verdad que siempre, y también en este Concilio Vaticano II, quedó bien claro el fin o meta.

El mismo Juan XXIII, en la convocatoria firmada el 25 diciembre de 1961 señaló algo que podemos considerar como «fines o metas» del Vaticano II:

Hoy se exige a la Iglesia que inyecte la virtud perenne, vital, divina del Evangelio en las venas de esta comunidad humana actual que se gloría de los descubrimientos recientemente realizados en los campos técnico y científico.

Y en el mismo texto, un poco más adelante: ...que la Iglesia sea cada vez más capaz de solucionar los problemas del hombre de nuestro tiempo. Pero no se olvidó de decir que el Concilio aclare los principios doctrinales y dé los ejemplos de amor fraterno que harán aún más vivo para los cristianos separados de esta Sede Apostólica el deseo de la unidad.

2. Nota breve de las etapas ante-preparatoria y preparatoria del Vaticano II

El apellido de «ecuménico» tiene un sentido de universal. Y el Vaticano II iba a ser ecuménico no sólo por el número de Padres conciliares venidos de todo el mundo; sino porque los temas que se prepararan para estudio conciliar vinieran de las propuestas que todos los obispos del mundo pudieran presentar. Aquellas incontables propuestas, organizadas y estudiadas al recibirlas en la Curia romana, dieron origen a 70 esquemas, o documentos para discutir y aprobar.

Este total de 70 esquemas estaban repartidos en número desigual entre las diez Comisiones conciliares y los dos Secretariados: de prensa y espectáculos (con 6 temas o esquemas), y el de Unión de los cristianos (con otros 4 temas). Por supuesto que los 70 esquemas no llegaron a feliz puerto. Muchos de ellos se refundieron en uno; otros no llegaron ni siquiera al aula conciliar para su discusión; y sin embargo algún otro —de gran calado y densidad como fue la Constitución Gaudium et spes- no iba previsto en el índice del comienzo, entre aquellos 70 esquemas.

 3. Los primeros temas de estudio sobre la mesa de los obispos

El día 23 julio 1962 se remitió desde la Secretaría General del Concilio a cada Obispo (o Padre conciliar) un material para su estudio previo. Era un libro de 268 páginas, con 7 esquemas (de entre los 70 dichos) que serían discutidos, ya pronto, en la inminente primera sesión del Concilio, que duró del 11 octubre al 8 diciembre de 1962.

El tema sobre la IGLESIA iba a ser el tema “estrella” de todo el Concilio. Iglesia ¿qué dices de ti misma?

Tres de ellos (del modo de guardar el depósito de la fe; del fundamento del orden moral cristiano; de la castidad, matrimonio, familia y virginidad) no llegaron al aula a lo largo de toda la celebración del Vaticano II. Por eso se recoge su texto como un simple apéndice, al final de las Actas del primer período del Concilio.

Los otros cuatro esquemas sí fueron estudiados, modificados, rehechos íntegramente... según los casos. Sin duda que el tema sobre la IGLESIA iba a ser el tema “estrella” de todo el Concilio. Iglesia ¿qué dices de ti misma? Y así fue; sin embargo este esquema apenas llega a entrar a estudio cuando iba a finalizar la primera etapa del Concilio. Se estudió y discutió en la sesión segunda (1963). Y el esquema de discusión ni siquiera era uno de los 7 que se enviaron previamente el 23 de julio 1962 a los obispos.

De aquellos siete esquemas enviados previamente a los obispos fueron estudiados, en los comienzos del Concilio, sólo tres: Liturgia; Fuentes de la Revelación; y Medios de comunicación social; aunque en aquella primera etapa del Vaticano II, se entregó a los obispos, y se presentó en el aula, el tema que iba a ser centro y razón de todos los demás: el esquema de «Ecclesia».

4. Una anotación sobre el método de trabajo en el Concilio

Una asamblea de 2.500 personas necesita unas normas de funcionamiento, muy pensadas y ágiles al mismo tiempo, para garantizar de una parte la participación de todos, y por otra, el estudio sereno y razonado de cada propuesta (sobre cada parte, capítulo o párrafo del esquema), previamente a las sucesivas votaciones.

Por eso, en primer lugar, antes de que cualquier tema comience a ser discutido capítulo por capítulo, debe ser aprobado en su conjunto por el pleno de los Padres conciliares en una votación que debe alcanzar dos tercios del total de votantes; y si no se alcanza esa proporción el esquema entero se devuelve para su reelaboración completa tomando en cuenta las sugerencias que sobre el esquema en general se hayan propuesto antes de rechazarlo en votación. La Comisión correspondiente, con esa votación y sugerencias lo reelaborará para su posterior y nueva presentación.

En el caso de ser aceptado un esquema en su totalidad en esa primera presentación, se comienza ya su discusión capítulo por capítulo y punto por punto, hasta en sus más mínimos detalles y palabras.

Baste esta breve anotación para la totalidad de los esquemas: son sólo 16 los documentos oficiales que llegaron a ser promulgados en el Concilio.

 6. La Constitución sobre la Liturgia (IV Congregación general; 22 octubre 1962)

El día 22 de octubre 1962 puede decirse que es en realidad el primer día de trabajo «estrictamente» conciliar: entra en el aula el primero de los esquemas que iban a ser objeto de estudio a lo largo de las cuatro sesiones conciliares (1962-1965). La votación final de este esquema se hizo el 4 diciembre 1963 (ya en la segunda sesión), aunque lógicamente no fue este esquema el tema único de todas y cada una de las sesiones hasta esa fecha. Como un signo de esa primacía cronológica de los documentos estudiados llevará como nombre o título «El Santo Concilio... (Sacrosanctum Concilium)». Realmente fue como el «rodaje» por la lentitud y cantidad de sesiones dedicadas a él. Si los tres meses de la primera etapa conciliar «se llenaron» con casi un único esquema ¿cuántos años iba a durar el Concilio si eran 70 los esquemas a discutir? 

6.1. La importancia de la Liturgia

Lex credendi, lex orandi

Hay un refrán latino muy significativo: Lex credendi, lex orandi (lo que creemos, es lo que oramos o celebramos); algunos también lo dicen al contrario: Lex orandi, lex credendi, como indicando que en la celebración, se va asimilando o creciendo lo que creemos. De todos modos lo que se quiere expresar con ello es que según es la fe, así son las celebraciones.

Nunca la Iglesia es más «IGLESIA» (asamblea santa) que cuando se reúne para celebrar la Eucaristía

Para valorar la importancia de la Liturgia valga esta anotación: nunca la Iglesia es más «IGLESIA» (asamblea santa) que cuando se reúne para celebrar la Eucaristía (que es el más grande acto de la Liturgia); de ahí la importancia y necesidad de la “reunión” dominical (la Misa del domingo), porque sine dominicum, non est dominica, sin celebrar, sin asistir, a la celebración de la Palabra y de la Eucaristía (oír Misa entera), es como si no fuera domingo. Es fácil deducir: la no asistencia a Misa es signo, causa o consecuencia del debilitamiento de la fe personal, pero al mismo tiempo es camino de raquitismo o incluso desaparición de una u otra comunidad o «iglesia». No en vano se decía ya en la Iglesia primitiva:

Que la Eucaristía hace la Iglesia; y la Iglesia hace la Eucaristía.

6.2. La presentación del esquema en el aula conciliar

En el nombramiento que el Papa había hecho de Presidentes de cada una de las 10 Comisiones, había designado al Cardenal Arcadio Larraona, español, para la Comisión de Liturgia. Por eso fue él quien, en principio, presentó en el aula a los Padres el esquema.

Por otra parte, en la relación de peritos estaban dos personajes que luego serían grandes protagonistas de las diversas líneas o enfoques por donde caminará el Concilio y el postconcilio en este tema de la Liturgia: Antonelli, franciscano, y Bugnini, paúl.

Hay que dejar constancia que comparando el esquema presentado y el documento final aprobado tras las múltiples intervenciones de los obispos en el aula, fueron muy pocas o de no mucho calibre las variaciones en las líneas generales.

6.3. Las primeras intervenciones en el Concilio

Cardenal GilroyEl día 22 de octubre de 1962 preside la sesión el Cardenal Gilroy, arzobispo de Sídney. El Presidente de la Comisión de Liturgia, Cardenal Larraona, dice: El Secretario de la Comisión, que tiene la voz más clara que yo, os va a leer la introducción o relación. Y toma la palabra el P. Antonelli.

En esta presentación se dan dos razones fundamentales por las que el tema sobre la Liturgia entraba en el Concilio: La necesidad de revisar los libros litúrgicos (misal, breviario, rituales de sacramentos...), teniendo presente la tradición de la Iglesia, pero buscando su acomodación a las necesidades y características de nuestro tiempo; y, segundo, por una razón pastoral «gravísima»: Los fieles en las celebraciones litúrgicas se han convertido más en “espectadores” que en verdaderos “actores”; y la Liturgia debe ser fuente de gracias que aproveche grandemente a quien es capaz de participar plenamente. Y añade que, por esto, ya desde S. Pío x comenzó el llamado movimiento litúrgico, de tal modo que Pío XII, en 1948, creó una Pontificia Comisión para ello, que dio sus primeros frutos en la década de los 1950

Entre los criterios que se deben seguir en el estudio de este documento, está el que los fieles más y más cada día puedan llegar a una activa participación

con la renovación de la Vigilia Pascual y de la Semana Santa. También Juan XXIII, el 25 de julio 1960, cuando ya estaba anunciado el Concilio, pide que en el Concilio se propongan a los Padres Conciliares los principios fundamentales referentes a la reforma litúrgica. Para dar cumplimiento a ello se aborda en el Concilio el estudio de este esquema sobre la Liturgia. Es muy oportuno recordar que el Relator, en la presentación, dice que, entre los criterios que se deben seguir en el estudio de este documento, está el que los fieles más y más cada día puedan llegar a una activa participación.

Como detalle del modo en que este documento sobre la Liturgia fue preparado, quede esta anotación: en enero de 1962 se redactó el tercer borrador, fruto de las conclusiones a las que habían llegado las 13 subcomisiones que estudiaron y ordenaron todas las propuestas sobre Liturgia recibidas de todo el mundo entre 1959 y 1960.

Era el primer documento que se iba a estudiar en el Concilio y hubo hasta 328 intervenciones en el aula conciliar sobre el tema, entre el 22 octubre y el 13 noviembre 1962, y otros 334 obispos entregaron sus propuestas por escrito sin leerlas en el aula conciliar. Esta lentitud era el «rodaje», o mejor, «el peaje» de lentitud que había que tributar a la novedad de una reunión de 2.500 participantes e hipotéticos oradores. A este ritmo el Concilio ¿cuánto habría durado?

6.4. Lo que dijeron los Padres sobre la Liturgia en las primeras sesiones

Cardenal FringsEl inicio de la discusión fue la intervención del Cardenal Frings, arzobispo de Colonia: El esquema propuesto es como el testamento de Pío XII, que continuó los pasos de S. Pío x en la renovación de la Liturgia. Él mismo dice que la Liturgia es la expresión de la vida más íntima de la Iglesia, comunión mística entre Dios y los hombres, continua renovación de la muerte de Nuestro Señor Jesucristo ante el Padre.

La Liturgia es para los hombres, no los hombres para la Liturgia

Interviene ese mismo día el Cardenal Lercaro, arzobispo de Bolonia y gran especialista en Liturgia; lo hace ciertamente en una línea crítica, deseando más bien que se tuviera como meta la «renovación y el progreso» de la Liturgia y afirmando que el esquema, conforme ha sido presentado, tiene buena base teológica y debe ser aceptado en general, para iniciar su discusión punto por punto. Concluye con el testimonio personal de la ayuda que él mismo encuentra en la Liturgia para su propia vida espiritual, para la tarea pastoral, el cultivo de la comunión entre los fieles y principalmente en los valores de la justicia.

A continuación habló por primera vez en esta etapa el Cardenal Montini, arzobispo de Milán (ya en la segunda etapa será Pablo vi). Él insiste en la eficacia pastoral de la Liturgia; después de dejar sentado que no pueden aceptarse las improvisaciones, añade que tampoco se puede buscar «un rito inmutable», porque una cosa es la esencia de la Liturgia y otra las formas en las que la Liturgia se ha realizado en la historia: La Liturgia es para los hombres, no los hombres para la Liturgia, dice. En su alocución hace una cita de S. Agustín que es como la clave para entender por donde buscar solución a aquellos «enfrentamientos» que se iban a producir entre partidarios y contrarios a la «Reforma litúrgica»:

Más vale que nos reprendan los maestros, y no que el pueblo no nos entienda.

Tras las diferentes intervenciones, incluidas las más conservadoras que reclamaban que se rehiciese íntegramente el esquema, no era una posición tan conservadora la del Episcopado en pleno. Valga un ejemplo: sobre el uso del latín o la lengua vulgar hubo más de 80 intervenciones; pero ese número no es el reflejo real del pensamiento del pleno; el criterio se manifiesta en las correspondientes votaciones que casi siempre alcanzaron una gran mayoría, mucho más amplia a los dos tercios necesarios.

Si la Liturgia había sido durante siglos el lugar eminente de la catequesis, como decía Mons. Feltín, Cardenal de Paris, ¿cómo podrá lograrse eso si el latín es precisamente la barrera que impide la comunicación con el pueblo?

Dos obispos, en este mismo día, inauguraron un «método» que, al avanzar el Concilio, sería muy bien acogido por la Asamblea cada vez que se repetía: Lo que yo iba a decir, ya se ha dicho. Por tanto renuncio a hablar.

Otra anécdota final: Por primera vez, en este día inaugural de las discusiones, el Cardenal Gilroy, que ocupaba el turno de presidencia, «tocó la campanilla» por exceso de tiempo a otro obispo: Satis, satis! (¡Ya basta!), le dijo.

inicio
inicio