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El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

El final de la primera etapa del Concilio

(Extracto del capítulo 9º, y último, del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. La Comisión coordinadora

Sin duda que lo más sobresaliente que hay que señalar en estos días finales de la etapa primera del Vaticano II es la decisión del Papa de nombrar una Comisión de Cardenales para coordinar y dirigir los trabajos del Concilio.

La primera etapa no había sido en absoluto inútil: había dado una experiencia grande para todos los Padres. Ellos habían hecho, como decía Juan XXIII, una especie de noviciado.

El engranaje de una asamblea tan numerosa, aunque sus miembros fueran tan cualificados, necesariamente tenía que dejar al descubierto tanto algunos defectos, como también manifestar la necesidad de algunas reformas para obtener la agilidad de movimientos en la tarea de cada día.

Un ejemplo de un pequeño defecto: en el elenco de Padres asistentes se habían producido erratas e inclusiones de algún nombre de algunos obispos cautivos bajo la dominación rusa y por tanto «no asistentes» al Concilio. Monseñor Felici responde al Cardenal-Secretario de Estado: Obruimur labore (nos desborda el trabajo); no puedo personalmente revisar todo. Las necesarias consultas demoran el trabajo o impiden revisar todas las pruebas de imprenta hasta eliminar esas erratas.

El batallador Mons. Méndez Arceo se dirige al Papa ya dos días antes de comenzar el Concilio pidiéndole, para evitar la celebración de la Misa de modo «furtivo y rápido» que se autorice la concelebración.

El batallador Mons. Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, se dirige al Papa ya dos días antes de comenzar el Concilio pidiéndole, para evitar la celebración de la Misa de modo «furtivo y rápido» que se autorice la concelebración. Realmente era sorprendente, mirándolo ahora desde las reformas litúrgicas que trajo el Vaticano II, que todos los obispos —incluido a veces el mismo Papa- «oyeran la Misa» al empezar cada día la sesión; antes, cada Padre por su cuenta y en solitario («furtive») había celebrado en su propia residencia.

También el subsecretario Villot advierte a los Padres que «sincronicen» pausadamente sus respuestas y recitaciones con el celebrante de la Misa de cada mañana.

2. Reducción del número total de esquemas

La lentitud en el trabajo era un problema necesario de resolver: no podían «todos» los Padres hablar de todo y siempre. Sí, el derecho les asiste; pero las repeticiones entorpecen el andar ágilmente. A esto sí que es necesario buscar solución. Ni puede mantenerse una interminable repetición de los mismos argumentos, ni tampoco se puede mantener, por la misma libertad de todos, discusiones sin fin defendiendo posturas diferentes: tales posturas o son temas de escuela y por tanto el Concilio no puede ni debe incluirlos en su temática o son posturas ya doctrinalmente consolidadas y una minoría no puede entorpecerla.

A esto vino la necesaria Comisión coordinadora

El día 5 de diciembre de 1962 se reparte a los Padres una publicación con el sumario de 20 esquemas. Este elenco de temas había refundido muchos de los 70 esquemas; había eliminado otros y se habían discutido total o parcialmente algunos en la primera etapa (1962).

¿Quién o quiénes son los autores de esta selección de esquemas? En la transcripción de ellos en las Actas no se dice; pero el día siguiente se comunica a los Padres la creación de la Comisión coordinadora.

3. Instrucciones para los meses entre la primera y segunda etapa

El Secretario General abrió la xxxv Congregación general (6 de diciembre de 1962) haciendo un balance de los dos meses de trabajos conciliares: Han hablado 587 Padres y otros 523 han entregado por escrito sus sugerencias. Entre el 13 de octubre y el 5 de diciembre se han discutido cinco esquemas (Liturgia, Revelación, MMCCSS, de Unitate y, en parte, de Ecclesia).

Tras la famosa e impresionante intervención del Cardenal Lercaro sobre la «Iglesia de los pobres», Mons. Felici leyó el Ordo agendorum... (Instrucciones para el tiempo que irá entre la clausura de la primera etapa y el comienzo de la segunda etapa conciliar). Este documento aprobado por el Papa lleva fecha de 5 de diciembre de 1962.

El día 14 de diciembre de 1962 se hacen públicos los nombres de quienes compondrán esta Comisión coordinadora; algunos de ellos proceden de la Comisión de Presidencia, como son los Cardenales Liènart, Spellman; y otros cuatro Cardenales (Urbani, Confalonieri, Döpfner y Suenens) formarán esta nueva Comisión; el día 21 de agosto de 1963, ya elegido Montini como Papa, añadirá a estos seis otros tres cardenales: Agagianian, Lercaro y Roberti.

Juan XXIII, el día 6 de enero de 1963 escribió la carta Mirabilis Ille a los Padres Conciliares hablándoles de esta Comisión Coordinadora: La principal de las Comisiones pero que no anula ni disminuye el trabajo de todas y cada una de las Comisiones conciliares sino que tendrá por tarea ordenar más claramente el orden del día y las motivaciones del Concilio.

Las tareas que se le encomiendan a esta Comisión Coordinadora son: seleccionar los principales temas del «reciente fascículo» (con lo cual está reconociendo la autoría del fascículo con 20 temas que se repartió a los Padres el día anterior) y preparar aquellos que miren a la Iglesia universal y a toda la humanidad para que sean tratados en el aula... Evitar repeticiones y temas de menor importancia o que no afecten a toda la Iglesia Universal y en concreto eliminar de los esquemas conciliares lo que sea más propio del Código de derecho canónico, remitiendo a la Comisión codificadora lo que corresponda.

La Comisión coordinadora trabajará de acuerdo con los 10 Presidentes de las Comisiones conciliares y será presidida por el Cardenal-Secretario de Estado quien informará al Santo Padre de la trayectoria del Concilio.

4. Funciones del Secretariado para la unidad

No conviene olvidar que el día 20 de octubre de 1962 se leyó a todos los Padres la Resolución del Santo Padre, firmada por el Cardenal-Secretario de Estado en relación con el rango del Secretariado para la Unidad de los cristianos.

El Cardenal Bea pidió al Santo Padre, a través del Cardenal H. Gicognani, que se aclarasen las dudas sobre la competencia de este Secretariado en el Concilio. El Santo Padre, a través del Cardenal H. Gicognani, el día 19 de octubre de 1962, responde directamente al Secretario General, Mons. Felici; el Cardenal Bea pide entonces que este rescripto sea leído el día siguiente (20 de octubre) a los Padres en el aula, como así se hizo: El Secretariado para la Unidad es equiparado a las otras 10 Comisiones: por ello sus miembros tienen incompatibilidad para ser miembros de otra Comisión (así lo exige el Cardenal Bea en relación con 2 miembros que ya eran de otras Comisiones a las que por tanto deben renunciar); e igualmente el Secretariado es competente para redactar esquemas para su estudio en plenaria, y su Cardenal Presidente, Bea, puede como los otros 10 Presidentes presentar y nombrar Relatores que presenten sus esquemas al pleno. Con ello se daba indirectamente respuesta al Cardenal Ottaviani cuando dijo que los Secretariados no eran organismos de estudio. De esta respuesta se puede deducir que la Comisión Teológica conciliar no se equipara con el Santo Oficio, aunque Ottaviani sea el jefe en una y otro.

5. La última sesión conciliar ordinaria

En este día se entregó a cada Padre una pequeña imagen de San José, que había sido declarado Patrón del Concilio.

Otros detalles de la última Congregación general (XXXVI; 7 de diciembre de 1962).

En este día se entregó a cada Padre una pequeña imagen de San José, que había sido declarado Patrón del Concilio.

A los Padres y sus acompañantes se les había concedido poder celebrar la Misa a cualquier hora tanto el día de salida de Roma, como el día de llegada a sus Diócesis. Por otra parte el Santo Padre concedía a los Padres que, una vez llegados a su lugar de origen, pudieran impartir en su nombre la Bendición Papal.

Al abrir esta última sesión de trabajo el Cardenal Liènart, que presidía, agradeció a todos su dedicación y esfuerzos y les invitó a dar gracias a Dios por todos los bienes recibidos:

Nos ha reunido a todos, que procedemos de diversos países, con edades y culturas distintas, el amor a Dios y a los hombres. Al volver a nuestras tierras sabemos que no ha acabado esta tarea nuestra; quedamos fortalecidos en la esperanza, pero sabiendo cómo y cuánto trabajarán ahora las diversas Comisiones en la preparación de la Segunda Sesión. Gocemos todos y comuniquemos este gozo a los hermanos obispos que no han podido venir con nosotros a Roma... Que el Reino de Dios se extienda más y más por su voluntad. Oremos por nuestro Papa Juan XXIII.

El día 3 de diciembre había intervenido Mons. Jubany, auxiliar de Barcelona. El día 7, en la última intervención en el aula, lo hizo el Padre Butler, Abad Benedictino de Inglaterra; en su intervención se limitó a comentar, ponderando grandemente, la intervención de Jubany:

Que el Concilio no entre a hablar de cuestiones disputadas y que, precisamente el Concilio al enseñar, aunque ni defina dogmas ni declare herejes, ello es ya una gran responsabilidad para todos los Padres pues están siendo levadura que hace fermentar a la masa en su tiempo.

6. Clausura del Concilio en esta primera etapa

A última hora de la mañana del 7, bajó al aula Juan XXIII. Al día siguiente (8 de diciembre de 1962), él clausurara esta Primera etapa conciliar. Y dirá a los Padres:

La unión que enlaza las dos fiestas marianas que han sido puerta y broche de esta etapa, el 11 de octubre —Maternidad divina de María- y el 8 de diciembre —la Inmaculada Concepción—. Ello nos lleva a contemplar a Santa María. La protección de María, por ello, se extiende a la obra del Concilio. El Concilio es una acción de Dios en quien creemos. Confesamos nuestra fe en el Verbo hecho carne de María, Virgen; de esta Virgen inmaculada nacida del tronco de Jesé, del que brota una flor.

Recuerda el Papa el inicio, el progreso y los frutos que se esperan del Concilio:

La llegada de un nuevo Pentecostés que se extenderá por toda la tierra, resonando en ella el gozo de la Redención. ¡Dios nos acompaña en nuestro caminar! Con nosotros está la Virgen María, San José, su esposo castísimo, los santos Pedro y Pablo y San Juan Bautista con todos los obispos, pastores y doctores de la Iglesia. Aclamemos a Cristo como Rey de los siglos y de los pueblos, inmortal e invisible; a Él la gloria y el poder por siempre.

Entonces, el 8 de diciembre de 1962 comienza otro nuevo tiempo de trabajo silencioso preparando otra etapa, la 2ª, del Vaticano II.

Se darán giros necesarios y oportunos en la línea a seguir en el trabajo y en el aggiornamento. Ocurrirá en esos meses la muerte de Juan XXIII, la elección de Pablo VI... ¡El Concilio Vaticano II continuará cuando llegue septiembre de 1963!


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Clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II, 8 de diciembre de 1962