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El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

La presentación del esquema de Ecclesia

XXXI Congregación general, 1 diciembre 1962

(Extracto del capítulo 8º del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. Necesidad de abordar el esquema antes de concluir la primera etapa conciliar

La propuesta que días antes hizo el Cardenal Ottaviani de que se dejara el esquema de Ecclesia para la sesión siguiente del Vaticano II, ya que eran pocas las fechas que quedaban para la clausura del primer periodo, tuvo respuesta del Consejo de Presidencia, el 29 de noviembre de 1962.

El Cardenal Lèger escribe al mismo Santo Padre, remitiéndole una extensa propuesta, firmada también por otros cinco Cardenales, sobre la necesidad de presentar el misterio de la Iglesia, formada por pecadores y sin embargo misionera.

Sin embargo no era aquella una propuesta de él «en solitario». Las Actas del Concilio sólo recogen lo dicho en el aula conciliar; los cuatro periodos del Concilio Vaticano II (1962-1963-1964 y 1965) se corresponden a los volúmenes I, II, III y IV de las Actas- y cada volumen con sus correspondientes tomos—; pero lo que se iba escribiendo o tratando en la Secretaría General del Concilio, o en el Consejo de la Presidencia, o luego en la Comisión para la coordinación de los trabajos se recoge en otros volúmenes que contienen sus correspondientes Actas.

Pues bien en las Actas de la Secretaría General aparece la petición, el 28 de noviembre de 1962, del Cardenal Siri en nombre de muchos obispos de Italia; y otros 46 obispos (de los que 21 eran españoles y entre los que otra vez firma el Cardenal Siri) el 27 de noviembre piden también que se deje para la 2ª sesión del Concilio el comienzo del estudio de Ecclesia.

Pero en esas mismas Actas de Secretaría podemos encontrar otras propuestas muy distintas y cronológicamente anteriores; en ellas se ve una reflexión profunda, nada apasionada (o mejor, escritas desde un amor apasionado por la Iglesia, aunque sin calificarlas de posturas «de oposición», precisamente por las fechas y el contenido).

El día 11 de septiembre de 1962, un mes antes de la apertura del Concilio, el Cardenal Lèger, de Montreal, escribe al mismo Santo Padre, remitiéndole una extensa propuesta, firmada también por otros cinco Cardenales, sobre la necesidad de presentar el misterio de la Iglesia, formada por pecadores y sin embargo misionera. Meses antes —aún faltaba tiempo para el inicio del Concilio—, el 16 de mayo de 1962, el Cardenal Suenens remitió también al Santo Padre un proyecto de esquema sobre la Iglesia basado en la acción de la Iglesia ad intra y ad extra. Y finalmente el Cardenal Montini, el 18 de octubre 1962 —ocho días después de comenzar el Concilio- hace una propuesta de que el estudio sobre el esquema de la Iglesia sea el centro y principal tema del Vaticano II, en el que se estudia el misterio de la Iglesia, adhiriéndose al esquema propuesto por el Cardenal Suenens ya en mayo.

En esos años preparatorios se intentaba que la línea a seguir por el Concilio fuera la que deseaba la Curia Romana

La andadura de aquellos primeros meses conciliares había definido las «posturas»; y sin duda que había aparecido claramente que la línea seguida en los más decisivos esquemas preparados antes del Concilio había sido la «curial». Eso es lo que demuestra que ya en mayo, el Cardenal Suenens proponga un esquema que puede considerarse como un esquema alternativo, con una línea de pensamiento totalmente distinta al esquema que había confeccionado la Comisión teológica que presidía el Cardenal Ottaviani en los años preparatorios del Concilio. Ello lleva a concluir que, en esos años preparatorios se intentaba que la línea a seguir por el Concilio fuera la que deseaba la Curia Romana. Todo ello era conocido, aunque no en profundidad (ni mucho menos era compartido o “sentido”) por muchísimos obispos del mundo. Así se mostró claramente en la primera sesión del Vaticano II cuando fue necesario aplazar las votaciones para formar las Comisiones conciliares.

El futuro del Concilio (la visión de la Iglesia por parte de los Padres conciliares) dependerá en mucho de estos días

Por eso había tanto interés por unos y por otros en su correspondiente posición: Si todos los Padres se vuelven a sus diócesis, habiendo abierto o no las intervenciones sobre el tema de la Iglesia, en todos ellos se habrá sembrado o no una llamada de atención y estudio para los 10 meses de intervalo. Se valoraba por tanto en qué medida podría ser seguida una u otra línea de pensamiento. Dicho de otro modo, el futuro del Concilio (la visión de la Iglesia por parte de los Padres conciliares) dependerá en mucho de estos días, si se oye la voz de los Padres en los cinco últimos días. Y además, si con ello se abre la posibilidad de que ya opinen por escrito, aunque sea desde sus diócesis, la Comisión o Comisiones correspondientes podrán trabajar durante todo el intervalo en las enmiendas oportunas. Pero si no se abre la discusión, no sólo se pierden esos meses de intersesión sino que incluso —si como ya se empieza a decir- la segunda etapa del Concilio pudiera ser «la última» ¿cómo llevar a buen puerto un estudio profundo de enmiendas o de otro esquema distinto si éste fuera rechazado?

De ahí viene la trascendencia de aquella respuesta «oficial» del Consejo de Presidencia al Cardenal Ottaviani: se iniciará el estudio del esquema de Ecclesia el día 1 diciembre de 1962.

Y así fue efectivamente.

La Comisión teológica, que presidía el Cardenal Ottaviani, había preparado el esquema, pero la «conciencia» de que el «Santo Oficio» es una Congregación SUPREMA (es decir presidida por el Papa), y el convencimiento del Cardenal Ottaviani de la autoridad exclusiva del Santo Oficio in rebus dogmaticis, le lleva a no aceptar «injerencias» de otras Comisiones conciliares multo minus cum Secretariatibus, cuius finis non est studium (mucho menos con Secretariados —en clara alusión al Secretariado para la unión de los cristianos- cuyo fin no es el estudio). Claro que esto lleva a una contradicción: el esquema preparado por la Comisión presidida por Ottaviani tiene un marcado carácter jurídico más que teológico: la Comisión Teológica pensaba que había identidad entre Cuerpo místico de Cristo e Iglesia Católica-romana; y el esquema preparado subrayaba más la dimensión de Iglesia-sociedad que la de Iglesia-misterio.

La línea que se iba siguiendo en la preparación obligaba y urgía a otros, que pensaban de otro modo, a llamar a las puertas de la Comisión teológica para que se «abriera» y admitiera en su seno a otros peritos de opinión distinta. Es lo mismo que había pasado con el esquema de Fontibus.

2. La presentación del esquema en el aula (1 diciembre 1962)

Al comenzar la XXXI Congregación General, que presidía el Cardenal Frings, arzobispo de Colonia, Monseñor Felici comenzó sus avisos informando de la mejoría del Santo Padre de tal modo que el domingo, 2 diciembre 1962, rezará el Ángelus desde la ventana de la Plaza de San Pedro.

Indica que el Cardenal Ottaviani va a presentar el esquema de Ecclesia Y el obispo F. Franic, hará la relación sobre el mismo. Para ese momento ya tienen la palabra pedida 21 Padres: 5 Cardenales y 16 obispos (entre éstos el arzobispo Marcelo Lefevre; y el obispo de Brujas, De Smedt, que ya tuvo una intervención clara y muy interesante en el estudio del esquema de Fontibus).

En las Actas se reproduce el esquema íntegro de Ecclesia y a continuación el de Beata Virgine. Como nota del fascículo correspondiente, que se reparte a los Padres se dice que «estos dos documentos», distribuidos a los Padres en un único fascículo el día 23 noviembre 1962 (xxv Congregación General), se dice que fue aprobado por el Santo Padre Juan XXIII el día 10 noviembre 1962 para su entrega a los Padres y posterior discusión en el aula.

La presentación que hace el Cardenal Ottaviani tiene sólo 22 líneas. Pero realmente es sorprendente:

Os presento a vuestro examen el esquema de la Constitución sobre la Iglesia. Ha sido preparado por más de 70 miembros de la Comisión preparatoria, examinado por la Comisión central y corregido con las sugerencias recibidas. Después el Sumo Pontífice mandó que se mostrase a vosotros para su examen.

Se ha intentado por quienes lo han preparado que fuera muy pastoral, bíblico y accesible al pueblo; no escolástico sino más bien redactado en forma comprensible para todos. Y digo esto porque espero escuchar las acostumbradas letanías de los Padres conciliares: no es ecuménico, sí es escolástico; no es pastoral, etc.

Os debo hacer una confidencia. Creo que no deben hablar los relatores de este esquema porque ya ha sido juzgado. Se dice: ¡Quítalo, quítalo; sustitúyelo por otro!; sus detractores ya están preparados para la guerra. Os digo que antes que este esquema fuera distribuido (¡oídme, oídme!), antes de ser distribuido ya se preparaba otro esquema alternativo. Ante praevisa merita iam iudicatus est! (Ha sido juzgado antes de saber sus méritos).

No queda, pues, más que callarme, porque dice la Sagrada Escritura: Donde no hay escucha, no abras la boca (Eccles. 32, 6). He terminado.

Sin comentarios.

Sólo sugerir una pregunta: Después de leer esta presentación ¿qué deseaba el Cardenal unos días antes, cuando pedía que no se presentara este esquema pues ya quedaban tan pocos días para la clausura de la primera etapa?

—en paralelo al Concilio de los Obispos, pero en íntima conexión con ellos—, estaba el Concilio de los teólogos, de los peritos

Las deducciones que se puedan pensar quizá sean otras: del mismo modo que en el esquema de Fontibus aparecieron dos corrientes de pensamiento y con los días se produjo un cambio cuantitativo en la intención del voto, también ahora podría esperarse que una mayoría silenciosa, al oír las intervenciones, se convirtiera en mayoría de votos contraria al borrador preparado. Ottaviani no es ajeno, como ninguno de los Padres, a la realidad de que —en paralelo al Concilio de los Obispos, pero en íntima conexión con ellos—, estaba el Concilio de los teólogos, de los peritos.

El fantasma de los números de la votación del día 19 de noviembre de 1962 sobre el de Fontibus (1.368 frente a 822 votos) pesaba en los redactores de esquemas «de línea curial». Un número de 1.368 ya no es representativo solamente del episcopado centroeuropeo; a «la corriente alemana» se ha sumado una mayoría del episcopado mundial (italiano, español, norteamericano y latinoamericano).

A pesar de la lectura de «corrientes de pensamiento» y por encima de esa perspectiva, desde la fe hay que leer de otra manera: Es Dios quien dirige a su Iglesia; el Espíritu Santo no niega su soplo que conduzca al puerto seguro.

En lógica consecuencia se puede pensar que suceda otro tanto con el esquema de Ecclesia si se abren las intervenciones y se manifiestan las distintas posturas frente a él. A pesar de la lectura de «corrientes de pensamiento» y por encima de esa perspectiva, desde la fe hay que leer de otra manera: Es Dios quien dirige a su Iglesia; el Espíritu Santo no niega su soplo que conduzca al puerto seguro. De otro modo no se puede explicar la práctica unanimidad con que al final son votados —tras las enmiendas propuestas- cada uno de los esquemas.

3. Las intervenciones en el aula sobre el esquema de Ecclesia

Entre los días 1 a 6 de diciembre, fueron un total de 76 Padres los que opinan sobre el esquema de Ecclesia en esos 6 días. Y a ellos hay que añadir 84 Padres que envían sus anotaciones por escrito, más el escrito nº 85 enviado al Santo Padre firmado por la Conferencia Episcopal alemana.

4. La propuesta del Episcopado alemán

Cumpliendo los plazos que se habían concedido al final de la primera sesión conciliar, es decir, antes de fin de febrero de 1963 cada obispo que lo deseara podía remitir a la Comisión de Fe y Costumbres (la Comisión Teológica que preside el Cardenal Ottaviani) sus sugerencias o enmiendas al esquema de Ecclesia. El episcopado alemán, así lo dice el Cardenal Döpfner en su carta al Santo Padre, en vez de opinar cada obispo particularmente lo han hecho en pleno. El resultado de esa opinión es un nuevo esquema completo de Ecclesia, que remiten a la Comisión teológica y también directamente al Santo Padre.

Dice el Cardenal Döpfner en su carta al Papa:

Humildemente pedimos, a Vos Santo Padre, que aceptéis estos trabajos que os remitimos. De ello enviamos un ejemplar al Presidente de la Comisión de fe y costumbres por si desea exponerlo al estudio de la Comisión.

La actuación fue consciente y perfectamente estratégica. Junto a la carta al Santo Padre, iban en primer lugar las sugerencias, en general y en particular, al esquema discutido en el aula (7 folios de apreciaciones generales y de minuciosas correcciones línea por línea al esquema presentado por Ottaviani); y añade una adumbratio schematis constitutionis dogmaticae de Ecclesia (“un esquema nuevo, como propuesta positiva para enmendar y completar el esquema”): en total son 31 páginas en folio.

Ahora cabría hacer una lectura en «triple columna»: a) El esquema presentado en el aula en diciembre de 1962; b) la propuesta del episcopado alemán, de febrero 1963, y c) el definitivo esquema que fue aprobado el día 19 de noviembre de 1964 (ya en la 3ª sesión del Vaticano II) por 2.134 votos favorables con 10 en contra y otro nulo.

            De esta lectura una primera conclusión sería el descubrimiento de una nueva eclesiología. Pero tal lectura «triple» sería anticipar el orden cronológico. En teoría este capítulo se quiere limitar a lo que se dijo en el aula conciliar entre los días 1 y 7 de diciembre de 1962, en la primera etapa del Vaticano II.

5. Intervenciones de algunos Padres en el aula (diciembre 1962)

Tras la presentación por el Cardenal Ottaviani y la relatio del esquema, queda abierto el plazo para intervenciones.

El Cardenal Alfrink, de Utrecht, denuncia la descoordinación al ver que aquí se habla de una serie de cuestiones que están repetidas en otros esquemas previstos. El obispo de Brujas, Mons. De Smedt, tiene una dura intervención resaltando que el esquema adolece de triunfalismo, clericalismo y jurisdicismo.

El arzobispo Lefevre hace una peregrina propuesta: que de cada documento se hagan dos versiones: una dogmática y otra pastoral. Los obispos somos pastores y sabemos que uno es el idioma de los peritos y otro el de los no peritos. O hacemos un documento con la doctrina no tan elaborada para que así todos la entiendan, o exponemos la doctrina en un texto tan cuidado y retocado que no diga nada a los no peritos. (Con ello estaba dejando «lo pastoral» —la segunda versión- como algo de menos importancia que no es propio de los teólogos).

Será más difícil —de más sudor y más trabajo- enmendar este esquema que hacerlo de nuevo

El Cardenal Döpfner, presidente de la Conferencia Episcopal alemana, todavía en aquellos días de primeros de diciembre 1962, en el aula vaticana, tiene una intervención delicada pero dura: Será más difícil —de más sudor y más trabajo- enmendar este esquema que hacerlo de nuevo. Sigan hablando con sus propuestas los Padres para que muestren sus sugerencias y sigan haciéndolo por escrito hasta fin de febrero de 1963. Pero cuanto antes hágase votación aquí sobre si placet o no este esquema.

6. Los Cardenales Frings, Suenens, Bea, Montini y Lercaro hablan sobre el esquema

El Cardenal Frings llevaba como perito propio a un joven profesor de Bonn, Joseph Ratzinger

El día 4 de diciembre de 1962 interviene en primer lugar el Cardenal Frings de Colonia (Alemania); él llevaba como perito propio a un joven profesor de Bonn, Joseph Ratzinger. Leyendo ahora aquella intervención del Cardenal se puede adivinar la mano de su asesor: Este esquema de Ecclesia no tiene en cuenta la rica tradición de la Iglesia «CATÓLICA»: en las notas no hace referencia a los Padres griegos y en cuanto a la tradición latina se reduce a los últimos cien años; el esquema apenas tiene dimensión bíblica y sólo acentúa los aspectos jurídicos de la Iglesia; el magisterio eclesiástico se presenta separado del capítulo dedicado a los obispos que son «maestros y doctores» puestos por el Espíritu Santo. Y por otra parte la necesidad de predicar el Evangelio no es tanto un derecho de la Iglesia, cuanto la consecuencia de la misión del Hijo enviado por el Padre.

El mismo día 4, interviene el Cardenal Suenens, de Bruselas. Su intervención fue acogida con un gran aplauso que hace hablar al Cardenal que preside: Recuerden los Padres que están prohibidos los aplausos.

Toda su intervención se centra en colocar a la Iglesia en el centro de todas las reflexiones conciliares desde una doble perspectiva: Iglesia ad intra — Iglesia ad extra. Iglesia ¿qué dices de ti misma?

Y en cuanto a su acción hacia fuera debe hablarse de la justicia social, de la evangelización de los pobres, de la paz y de la guerra y del diálogo de la Iglesia con sus fieles, con los demás cristianos y con el mundo moderno .

El Cardenal Bea hace una exposición crítica al esquema que concluye pidiendo otro esquema distinto.

Al día siguiente (XXXIV Congregación general), 5 de diciembre de 1962, habla el Cardenal Montini, alaba las propuestas hechas por el Cardenal Suenens:

¿Qué es la Iglesia? ¿Qué hace la Iglesia?

Ante esa doble pregunta reflexiona Montini:

Este esquema dice muchas cosas pero calla otras que son «nuevas y necesarias». No puedo callar; y digo que este esquema no es suficiente. Con gozo he oído que este Concilio glorifica a San José como patrono de la Iglesia. Con gozo aplaudo que el Concilio honra a la Virgen María como Madre de la Iglesia; con gozo pienso yo — y, en mi opinión, así todos los Padres- que esta Asamblea celebra a Cristo como Señor nuestro.

Pero la Iglesia es la continuadora de Jesucristo, de quien brota la vida y que es el fin al que tiende toda la actividad de la Iglesia. En este esquema se habla de derechos eclesiásticos, pero no se ponen de relieve las verdades referentes al «misterio de la Iglesia», su vida mística y espiritual... Por tanto, hablemos en el esquema más de la relación entre Cristo y la Iglesia; de que la Iglesia no puede ser nada por sí misma, porque todo lo recibe de Cristo y actúa en cuanto que Cristo está presente y actuando en ella. La Iglesia no es sólo una sociedad fundada por Cristo, sino el instrumento en que Cristo se hace presente para ofrecer al mundo su doctrina, sus sacramentos santificantes, el cuidado pastoral que hace que ella se llene del espíritu de Cristo, Buen Pastor.

Luego hace otras consideraciones sobre los capítulos que tratan del episcopado, de las relaciones entre Iglesia y Estado y la evangelización del mundo entero.

Concluye su intervención pidiendo que el esquema sea examinado por las Comisiones correspondientes pero también por el Secretariado para la Unidad.

7. Propuesta del Cardenal Lercaro

El día 6 de diciembre de 1962 (XXV Congregación general) interviene el Cardenal Lercaro, además de otros 11 Padres conciliares.

La Iglesia de los pobres

También su intervención fue aplaudida por los Padres. Cita en primer lugar a Suenens y Montini adhiriéndose a lo dicho por ellos. Pero lo llamativo de su intervención es el desarrollo que hace de una frase de Juan XXIII en el radio-mensaje del 11 de septiembre de 1962: La Iglesia de los pobres. Pide que se profundice en la vinculación «ontológica» de la presencia de Cristo en los pobres, como en la Eucaristía y en la Jerarquía.

Desciende a continuación a consecuencias prácticas: un estilo nuevo con que debe actuar la Iglesia hasta en el uso de medios materiales.

La Iglesia de los pobres será de verdad el reflejo más profundo y más conforme con el Evangelio.

Al final del Vaticano II, Lercaro insistió ante Pablo VI, pidiendo incluso una 5ª etapa conciliar que abordara exclusivamente este tema de la Iglesia de los pobres.

Baste este resumen de algunas intervenciones de los Padres en el aula conciliar. Sus 76 intervenciones demuestran que el tiempo que irá entre la clausura de la primera etapa y los trabajos siguientes será el tema principal de la Comisión Coordinadora que se creó al final de esta etapa de 1962 y por tanto la cuestión entrará en los capítulos correspondientes a esas fechas.


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