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El Concilio Vaticano II, historia pequeña del día a día en el aula conciliar

Los primeros días del Concilio Vaticano II

Congregaciones generales 1ª, 2ª y 3ª

(13, 16 y 20 de octubre de 1962)

(Extracto del capítulo 1º del libro "Concilio Vaticano II:
Historia pequeña del día a día en el aula conciliar")

1. LA PRIMERA CONGREGACIÓN GENERAL: 13 OCTUBRE 1962

Concilio Vaticano II. Congregación general

Al concluir la primera solemne sesión pública (11 octubre 1962), con la que se inauguraba el Concilio sucedió una pequeña anécdota difícil de entender en la meticulosidad con que todo estaba preparado: La Capilla Sixtina comenzó el canto del Tu es Petrus antes de lo establecido y el Secretario General del Concilio no pudo anunciar el día y hora de la primera Congregación general. L’Osservatore Romano tuvo que suplir esta deficiencia y el día 12 octubre 1962 lo anunció: La primera Congregación general se celebrará el 13 octubre a las 9 de la mañana. En ella se procederá a la votación de los nombres de las respectivas comisiones conciliares...

En la misma sesión de apertura se había distribuido a los Padres conciliares un buen paquete de 10 documentos e instrucciones; entre ellos iba el elenco de todos los Padres conciliares; y también el elenco de los Padres que formaban parte de las respectivas comisiones preparatorias del Concilio. Y además las cédulas para elegir a los miembros de las Comisiones. Es necesario subrayar este detalle pues es muy elocuente.

La primera Congregación general, del 13 de octubre, fiel a la citación trascrita, comenzó con la intervención del Secretario general, Mons. Pericles Felici: Por mandato del Presidente se va a proceder a la primera votación... Procedan los Padres a escribir dieciséis nombres, en la cédula correspondiente, para cada una de las Comisiones.

Las diez Comisiones eran: 1) de doctrina de la fe y costumbres; 2) sobre Obispos y régimen de las Diócesis; 3) Iglesias orientales; 4) disciplina del clero y del pueblo cristiano; 5) de misiones; 6) de apostolado de los fieles, de prensa y de «moderación» de los espectáculos (pues se había integrado en esta Comisión el Secretariado de Medios de Comunicación); 7) de liturgia; 8) de disciplina de los sacramentos; 9) de religiosos; 10) de seminarios, estudios y educación católica.

"¿Quién, cuándo y cómo se hacía el escrutinio?

Pero, más difícil aún: ¿A quién votar?"

Para ellas había que elegir ciento sesenta nombres entre los Padres asistentes; de ellos —en esa primera sesión— ni siquiera se sabía el total de asistentes.

A partir del segundo día de Congregación, ya sí se pudo decir, día a día, el número de asistentes, especificando cada día el número de cardenales, patriarcas, primados, arzobispos, obispos, abades nullius, prelados nullius y superiores generales. Así el número total de asistentes el 2.º día (16 de octubre) y el 3.º (20 de octubre) fue de 2.358 y 2.340 Padres conciliares.

Si el día 13 hubieran asistido un número más o menos igual (2.340 Padres con voto) nos salen estas cuentas: 2.340 electores/elegibles por diez comisiones, por 16 que había que elegir de entre esos mismos: 374.400 nombres. ¿Quién, cuándo y cómo se hacía el escrutinio?

Pero, más difícil aún: ¿A quién votar?

¿No habría una idea «intencionada»?: que se acepte la composición de las Comisiones preparatorias «por aclamación» ante un imposible material de efectuar y escrutar una tal votación; y ello también, ante otro imposible, no tan material: el de no saber a quién votar por ser desconocidos mutuamente los Padres asistentes. El intervalo del día 11 por la tarde y del 12 de octubre no era suficiente para llegar a tal conocimiento.

Juan XXIII había nombrado el día 4 de septiembre de 1962, un Consejo de Presidencia, formado por 10 Cardenales. Era el primero de la lista el Cardenal Decano, Eugenio Tisserant y el segundo de ellos el Cardenal Aquiles Liénart, obispo de Lille. Entre estos diez cardenales estaba Pla y Deniel, arzobispo de Toledo. Por turno riguroso cada sesión era presidida por uno de ellos según el orden establecido en la relación de los 10 nombrados. Sin embargo, por el desarrollo que tuvo la sesión primera (13 octubre 1962) que era presidida por el Decano, Tisserant, también él mismo repitió la presidencia en la sesión 2.ª (16 octubre 1962).

"Martín Descalzo titula la crónica de aquel 13 de octubre: Un cuarto de hora de sesión"

El Concilio no iba a ser, desde luego, un «placet» continuo del episcopado universal a los documentos preparados con una casi monolítica dirección de la Curia Romana.

Martín Descalzo titula la crónica de aquel 13 de octubre: Un cuarto de hora de sesión. Y el Cardenal Suenens, arzobispo de Malinas, Bélgica, comentó a propósito de aquel día: El día (13 de octubre) en que se salvó el Concilio.

"El día en que se salvó el Concilio" (Cardenal Suenens)

Los periodistas destacados en Roma desde todo el mundo, habían sido convocados para las 10 de la mañana de ese mismo día 13 de octubre, a audiencia con el Papa en la Capilla Sixtina. Entre periodistas «y los que se habían colado como tales» eran más de mil los asistentes. A las diez menos cuarto ya les llegó a ellos la noticia de que la sesión había terminado: A las 9 comenzó la celebración de la Misa y a continuación se entronizó el Evangelio, como ya se había hecho el día de la apertura del Concilio y como se haría cada día.

Hay que hacer notar dos cosas. Primero: Aún no se había establecido la concelebración de la Eucaristía; el mismo día 11 de octubre, Juan XXIII «asistió» a la misa. Y, por otra parte, el mismo Juan XXIII estableció que cada día se entronizara el Evangelio antes de comenzar los trabajos de todas las sesiones.

¿Por qué sólo un cuarto de hora de sesión? Martín Descalzo dice: Un hombre de batalla para la primera batalla conciliar. Así define al Cardenal Liénart, obispo de Lille (Francia). Su intervención fue la primera en todo el Concilio, inmediatamente tras el anuncio de que se iban a hacer las votaciones. Su intervención tiene sólo 27 líneas en los tomos de las Actas y fue dos veces aplaudida. Era uno de los diez Cardenales que formaban el Consejo de Presidencia, y toma la palabra por sí mismo. Más breve aún (7 líneas) es la intervención del Cardenal Frings, alemán, arzobispo de Colonia; también miembro del Consejo de Presidencia y que habla en nombre propio pero también en nombre de los Cardenales Döpfner (arzobispo de Munich) y Koenig (de Viena). Su brevísima intervención es aplaudida en dos momentos por todos los Padres Conciliares.

Era el deseo de todos: que la Iglesia Universal, a través de obispos elegidos para todas y cada una de las Comisiones por todos los obispos asistentes de todo el mundo y de entre todos los asistentes, se implicara en los distintos órganos de trabajo.

2. EL CONCILIO Y LAS COMISIONES

"¿Quién preparaba los esquemas? ¿Quién los redactaba y los seleccionaba? ¿Quiénes estudiaban las enmiendas que se propusieran en los debates de los «plenos», de las Congregaciones generales? Ahí está la importancia de las Comisiones."

Realmente la decisión sobre cada tema sería responsabilidad y competencia del pleno (unos 2.500 obispos). Pero ¿Quién preparaba los esquemas? ¿Quién los redactaba y los seleccionaba? ¿Quiénes estudiaban las enmiendas que se propusieran en los debates de los «plenos», de las Congregaciones generales? Ahí está la importancia de las Comisiones. Si en los años anteriores (en las fases antepreparatoria y preparatoria), desde que se anunció por Juan XXIII la celebración del Concilio, el Episcopado universal había sido consultado, sin embargo las diversas Comisiones habían sido integradas fundamentalmente por cardenales, obispos y teólogos residentes en Roma.

Ahora cada Comisión estaría formada por 16 miembros que habían de ser elegidos por todos los Padres; y ocho miembros más para cada Comisión que añadiría el Papa. Muy pronto se determinó que fueran 9, para evitar empates.

La I Congregación general (13 octubre 1962), se concluyó en breves minutos con el anuncio del Secretario Mons. Felici: La próxima Congregación General será el martes (día 16) a las 9. Entre tanto (desde el sábado, día 13 por la tarde) las Conferencias episcopales de cada nación o jurisdicción eclesiástica harán elencos de candidatos y las enviarán al Secretario General a lo largo del lunes, día 15.

3. PRECISIONES JURÍDICAS SOBRE LA VOTACIÓN

"Las perspectivas eran de «casi eternidad» votando"

Aquella tarde de sábado y el domingo (13 y 14 de octubre) no fue desde luego de vacación.

Pero, ¿cabía «atarse» a la disposición de que para que uno sea elegido necesita mayoría absoluta en primera y segunda votación, y sólo mayoría relativa en la tercera votación? Las perspectivas eran de «casi eternidad» votando.

Tras diferentes intervenciones (Detalladamente descritas en el libro), interviene ahora el Cardenal Ruffini «en nombre no mío sino de la Presidencia» (en nombre de los 10 Cardenales que la forman; él es uno de esos 10). Su intervención es de 13 líneas, que son apostilladas por el propio Cardenal Decano, Tisserant, que ese día también preside esta 2.ª Congregación general. El Decano da su golpe final: Non possumus mutare quod Sanctus Pater approbavit; (no podemos cambiar lo que aprobó el Santo Padre).

3.5. Tal respuesta hizo reaccionar de inmediato a Ottaviani. Ya aparece su genio, vivo pero realmente inteligente. El cronista será bueno si sólo es cronista. Pero el lector será bueno si lee entre líneas. Y en la Iglesia está ciertamente el Espíritu Santo pero antes de su definitivo aliento, están los pasos humanos de quienes componen la Iglesia. En este diálogo inicial del Concilio se ve la sabiduría de hombres que defienden posturas muy diversas: la verdad ¿se identifica con una de esas posturas? ¿O alguna de esas posturas será inteligente pero errada?

3.6. Ottaviani pide una corrección a lo anunciado por el Secretario general: si «ahora» se va a hacer la votación cabría, legalmente, entregar las papeletas de votación sin firmar; no hay por qué dudar de su autenticidad pues el propio votante entrega en el momento su voto; pero si las papeletas de votación se pueden entregar durante la tarde de hoy al Secretario general en su oficina, deberán ser firmadas; si no ¿cómo se garantiza la autenticidad?

3.7. Las actuaciones son de mentes ciertamente privilegiadas y vivaces. Pero también desde concepciones o ideologías muy dispares. Por otra parte —en contra de lo dicho por Roberti—, añade el propio Ottaviani, no se hace injuria a nadie: es el modo de elecciones de todos los Estados o Naciones. Y por supuesto «ego bene scio Concilium fieri cum Petro et sub Petro»; (yo bien sé que el Concilio se hace con Pedro y bajo la autoridad de Pedro).

"El Concilio no está por encima del Papa; pero seguro que tampoco el Papa querrá actuar contra el sentir mayoritario o unánime de los Padres. Y es necesario que el Papa conozca ese sentir común" (Cardenal Ottaviani)

Yo no he intentado cambiar nada sin consentimiento del Papa..., sino que he solicitado una opinión de los Padres conciliares a mano alzada. Creo que la votación de hoy debe hacerse; es necesaria. Pero al someter al Santo Padre mi propuesta, deseaba que no sea la opinión de un Cardenal solo, sino ofrecer al Santo Padre la opinión del total de los Padres.

Era una respuesta inteligente y muy cargada de intención. El Concilio no está por encima del Papa; pero seguro que tampoco el Papa querrá actuar contra el sentir mayoritario o unánime de los Padres. Y es necesario que el Papa conozca ese sentir común.

4. LOS RESULTADOS DEL ESCRUTINIO

En el calendario que se había repartido a los Padres habría sesión también el 18 octubre, jueves. Pero ante estos problemas del escrutinio se suspendió la sesión de ese día.

El acta del escrutinio termina con los nombres y votos de cada uno de los 16 miembros de cada una de las 10 comisiones conciliares. Y añade al final que el Santo Padre nombrará 9 miembros más para cada Comisión (en lugar de 8, como estaba establecido) para que el total de miembros sea impar, y evitar así los empates en las votaciones al interior de cada Comisión.

5. LA TERCERA SESIÓN GENERAL (20 OCTUBRE 1962)

El acta («instrumentum») del escrutinio fue firmada el día «IV Kalendas Novembres» (4 noviembre 1962); en ella se anota que los elegidos fueron proclamados en las Congregaciones generales 3.ª y 4.ª (de los días 20 y 22 de octubre).

Al comenzar la sesión Mons. Felici advirtió que Juan XXIII había aprobado el escrutinio realizado, y había dispuesto que cada Comisión estuviera formada por los 16 nombres que más votos hubieran obtenido, a fin de que las tareas del Concilio procedan con rapidez.

6. DOS ANOTACIONES MÁS

6.1. Españoles elegidos

Además del arzobispo de Zaragoza, Morcillo, que fue nombrado uno de los cinco subsecretarios del Concilio, los obispos españoles que fueron elegidos son: Bueno Monreal, de Sevilla (Comisión para los obispos y régimen de las diócesis); Quiroga, de Compostela (Comisión Iglesias orientales); García Goldaraz, de Valladolid (para la Comisión de sacramentos; obtuvo el mayor número de votos para esta Comisión: 1.737 votos); Tarancón, de Solsona (Comisión para el clero); Tabera, de Albacete (Comisión para los religiosos); Lecuona, del IEME (Instituto español para misiones extranjeras) y Pérez Platero, de Burgos (ambos para la Comisión de misiones); Enciso Viana, de Mallorca (Comisión Liturgia); Olaechea, de Valencia (Comisión de seminarios); y Herrera Oria, de Málaga (Comisión de apostolado y prensa y espectáculos)

Por concluir este tema de españoles en el concilio, anticipo aquí el resto de nombres de españoles de los 9 nombrados directamente por el Papa para cada Comisión. La relación completa fue leída en el aula el día 29 de octubre de 1962, aunque por la urgencia de que iba a comenzar el estudio de la Constitución sobre la Liturgia los entonces ocho (después nueve, como en todas las otras Comisiones) miembros de la Comisión litúrgica se publicaron el día 20 de octubre; los españoles nombrados por el Santo Padre son: Cardenal Albareda; Ramón Masnou, de Vich (Comisión de Liturgia); Barbado, de Salamanca y Aniceto Fernández, superior general O.P. (Comisión de doctrina de la fe); Jubany, entonces obispo auxiliar de Barcelona; Temiño, de Orense (Comisión para el clero) y Modrego, de Barcelona (Comisión de seminarios).

6.2. Y una segunda anotación
"En el anuncio de la celebración del Concilio Juan XXIII unió este proyecto con la «unidad» de los cristianos"

En el anuncio de la celebración del Concilio Juan XXIII unió este proyecto con la «unidad» de los cristianos. Quizá sea interesante ver la línea que va penetrando todas las etapas del Concilio con esta idea de la unidad. Baste ahora citar el Rescripto del 19 octubre 1962, leído por el Secretario General en la cuarta Congregación (22-X-1962). El Rescripto está firmado por el Cardenal Cicognani, Secretario de Estado, para evitar dudas sobre sus competencias (del Secretariado para la unidad). Este Secretariado en realidad se equipara en su funcionamiento y modo de actuar a cualquier otra de las Comisiones Conciliares.

7. EL MENSAJE DE LOS PADRES CONCILIARES A TODOS LOS HOMBRES

Junto con la publicación de los escrutinios fue el otro tema del día 20 de octubre de 1962 en el aula conciliar. El borrador fue leído por el Secretario Felici; se concede un cuarto de hora para que el texto sea reflexionado y orado. Se da oportunidad a las intervenciones razonando posibles variantes, y toman la palabra hasta 38 Padres. Se consideran y resumen las variantes y de nuevo se proponen al pleno. El texto fue aprobado con más de dos tercios de votos («fere unanimiter») y se publicó.

El texto tiene cinco párrafos o temas:

1. El Concilio, colocado de cara al Evangelio, busca que ante las gentes aparezca el rostro amable de Cristo reflejado en la vida renovada de pastores y fieles.

2. El amor de Dios se ha manifestado en Cristo; y comentando esa expresión concluye el texto: esperamos una renovación espiritual desde la que se siga un feliz impulso con el que avancen los bienes humanos, como son los descubrimientos científicos, los adelantos de la técnica y una más dilatada difusión de la cultura. ¡Sin comentarios!

3. La caridad de Cristo nos apremia (II Cor 5, 14), por eso debe volar nuestra alma hacia los más humildes, los más pobres, los más débiles... compadecernos de los... oprimidos por el hambre, miseria, ignorancia... poniendo los ojos en quienes no han alcanzado todavía una condición de vida digna del hombre.

4. Dos problemas de importancia: la paz como fruto de la fraternidad humana; los Padres hacen una condena fuerte y dura de toda guerra. Y, por otra parte, una llamada a la justicia social que destierre «indignas desigualdades».

5. No poseemos ni riquezas ni poder terreno. Por eso «ponemos nuestra confianza en la fuerza del Espíritu Santo».

Realmente leyendo entonces y releyendo ahora este Mensaje al mundo, sólo cabe inundarse de gozo y de esperanza a la vez que de sentimientos de conversión. Se abría un tiempo de PRIMAVERA en la Iglesia. ¡Y siempre debe ser PRIMAVERA y COSECHA abundante en ella! ¿Hemos producido los frutos esperados?

Aquella sesión del 20 de octubre concluyó: La próxima Congregación general será el lunes próximo 22 de octubre y comenzaremos con el estudio de la Constitución sobre la Liturgia.

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