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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
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DON PEDRO C脕MARA RUIZ. "In memoriam".

Ayer se celebr贸 el funeral 'de corpore insepulto' de don Pedro C谩mara Ruiz, uno de los sacerdotes m谩s queridos y admirados en la Di贸cesis de Ja茅n, por su entrega al Evangelio y al servicio de la Iglesia. Como homenaje de reconocimiento y agradecimiento, ofrezco el texto de la homil铆a que pronunci茅 en sus exequias.
隆Ojal谩 que por la intercesi贸n de Don Pedro, que dedic贸 al Seminario gran parte de su vida, el Se帽or conceda nuevas vocaciones sacerdotales a toda la Iglesia, y en especial a la Di贸cesis del Santo Reino!

HOMIL脥A EXEQUIAS DON PEDRO C脕MARA RUIZ
(22-08-2016) 鈥 Catedral de Ja茅n
Ap 14,13; Sal 23; Jn 17, 24-26.

En este mismo espacio celebrativo de la Iglesia madre de nuestra di贸cesis, en el que nuestro hermano Don Pedro C谩mara, can贸nigo de esta Catedral, celebr贸 tantas veces la Santa Misa, en muchas ocasiones en sufragio por los difuntos, nosotros celebramos hoy la Eucarist铆a por su eterno descanso. La Iglesia de Ja茅n celebra esta tarde, gozosa, aun en medio del dolor, la Pascua de Don Pedro, la Pascua de uno de sus sacerdotes m谩s se帽eros y reconocidos, m谩s entra帽ables, que a lo largo de su extensa vida sacerdotal, marcada siempre por una entrega incondicional a Cristo y a su Iglesia, ha servido a nuestra di贸cesis en distintas y numerosas misiones y encomiendas.
Por eso, nuestra Eucarist铆a esta tarde tiene un marcado car谩cter de acci贸n de gracias, m谩s a煤n si cabe, al hacer memoria agradecida de la vida y la entrega sacerdotal de don Pedro. Memoria que se transforma en oraci贸n esperanzada y suplicante al Dios de la vida para que le conceda el descanso eterno y le haga part铆cipe de la felicidad plena, que s贸lo 脡l nos puede conceder.
La comuni贸n de los santos nos empuja a orar por nuestros difuntos, como hacemos hoy por don Pedro. La imperfecci贸n de nuestra vida, el peso del pecado en nuestra existencia, la falta de correspondencia al amor de Dios, que enturbia nuestra amistad con el Se帽or con el pecado, hace necesario que necesitemos la misericordia de Dios, y tengamos que abrirnos a su perd贸n, porque no somos 谩ngeles perfectos, somos s贸lo seres humanos. Y los sacerdotes somos los primeros que tenemos que enfrentarnos a nuestra d茅bil condici贸n para experimentar la misericordia sanadora de Dios y ser as铆 ministros de su misericordia, o, como dice el profeta Isa铆as, podamos consolar al pueblo de Dios con ese regenerador b谩lsamo del perd贸n, que s贸lo de Dios puede venir y cicatrizar la herida que el pecado produce en la vida del hombre. S贸lo as铆 nuestro ministerio, queridos hermanos, es un servicio a la misericordia y a la ternura de Dios por nosotros, como estamos recordando de modo especial en este A帽o Jubilar Extraordinario de la Misericordia.
隆Qu茅 bien entendi贸 esto el beato cardenal John Henry Newman cuando escrib铆a, dirigi茅ndose a los fieles estas palabras!: "Si vuestros sacerdotes fueran 谩ngeles, hermanos m铆os, ellos no podr铆an compartir con vosotros el dolor, sintonizar con vosotros, no podr铆an haber tenido compasi贸n de vosotros, sentir ternura por vosotros y ser indulgentes con vosotros, como nosotros podemos; ellos no podr铆an ser ni modelos ni gu铆as, y no te habr铆an llevado de tu hombre viejo a la vida nueva, como ellos, que vienen de entre nosotros".
As铆 ha sido y es don Pedro: entra帽ablemente humano. No un 谩ngel, sino un hombre que, como dice la carta a los Hebreos de todo sumo sacerdote, fue "escogido de entre los hombres en favor de los hombres" (5,1) para ser predicador del Evangelio, ministro de la misericordia y la ternura de Dios, modelo y gu铆a del reba帽o que la Iglesia le encomend贸 a lo largo de su fecundo ministerio sacerdotal, anunciador y pregonero de la vida nueva y definitiva que nos viene por la muerte y la resurrecci贸n de Cristo.
A lo largo de su dilatado ministerio sacerdotal, don Pedro ha sido coadjutor, p谩rroco 鈥揝an F茅lix-, vicario episcopal, director espiritual del Seminario, miembro de los distintos consejos diocesanos, delegado episcopal para el clero, etc. En tan diversas misiones, una 煤nica realidad unific贸 los esfuerzos evangelizadores de don Pedro: como afirma Jes煤s en el evangelio, mostrar la gloria de Dios a los que el Padre le hab铆a confiado, dar a conocer el nombre de Jes煤s, el 煤nico nombre en que podemos ser salvos, para que el amor de Dios estuviese en las personas que entraban en contacto con 茅l. Y creo que de esa esperanzadora y gratificante realidad muchos podemos dar testimonio de c贸mo hemos experimentado ese amor misericordioso de Dios a trav茅s de la confesi贸n, de sus predicaciones, de sus conversaciones鈥 Hombre de Dios, hombre de Iglesia, nadie pod铆a salir triste ni contrariado tras hablar con don Pedro.
Como alguien ha escrito de los sacerdotes, nuestro hermano ha vivido en medio del mundo sin ambicionar sus placeres, ha sido miembro de cada familia, sin pertenecer a ninguna; ha compartido todos los sufrimientos, ha penetrado todos los secretos, ha perdonado todas las ofensas, ha sido pont铆fice haciendo de puente incansablemente entre los hombres y Dios para ofrecerle sus oraciones, ha tra铆do el perd贸n de Dios a los hombres para colmarlos de esperanza; ha tenido un coraz贸n de fuego para la caridad, para ense帽ar y perdonar, para consolar y bendecir siempre.
Y por eso, la vida de Don Pedro ha sido una bendici贸n para muchas personas y para esta Iglesia de Ja茅n. Por ello damos gracias esta tarde a Dios, fuente y origen de todo bien y de toda bendici贸n, y le pedimos que tenga misericordia de nuestro hermano sacerdote y acoja todo lo bueno que ha hecho a lo largo de su dilatada y rica vida.
En una ocasi贸n, me comentaba don Pedro el trabajo que le supuso, siendo director espiritual del Seminario, preparar todos los d铆as la pl谩tica para los seminaristas, que les impart铆a antes de irse a dormir. Y me dec铆a que confiaba que tanto esfuerzo le sirviera cuando tuviese que presentarse ante el Se帽or y rendirle cuentas. Confiamos todos en que su rico y fecundo trabajo ministerial s铆 le servir谩 cuando se presente ante Jesucristo, juez de vivos y muertos, y en 茅l se cumplir谩 lo que escuch谩bamos en el libro del Apocalipsis: "Dichosos ya los muertos que mueren en el Se帽or! S铆 (dice el Esp铆ritu), que descansen de sus fatigas, porque sus obras los acompa帽an".
La vida de don Pedro tuvo un secreto, una 煤nica clave de interpretaci贸n: Jesucristo. A trav茅s de Cristo, nuestro hermano conoci贸 a Dios y lo dio a conocer, comprendi贸 el misterio de la vida y el enigma de la muerte, y supo, y as铆 lo vivi贸 y predic贸, que "fuera de Jesucristo, no sabemos lo que es nuestra vida, ni nuestra muerte, ni Dios, ni nosotros mismos" (Pascal, Pensamientos 548). 脡sa es la 煤nica y aut茅nticamente v谩lida clave de interpretaci贸n de todo. En el misterio de Cristo, el misterio del hombre se esclarece. Sin Cristo, el ser humano es un absurdo cuyo 煤nico destino parece ser la nada, la aniquilaci贸n tras la muerte. Enraiz谩ndose en Cristo, don Pedro fue un hombre feliz, bienaventurado, y con su ministerio hizo felices a muchas personas, con el amor y el consuelo que vienen de Dios, y que nos da esperanza ante el hecho ineludible de la muerte.
Que esta Eucarist铆a, que tantas veces celebr贸 don Pedro con unci贸n, recogimiento y dignidad, con constancia diaria desde su ordenaci贸n, sea para 茅l medicina de inmortalidad. Que por la intercesi贸n de la Sant铆sima Virgen, San Pedro Poveda, los beatos Manuel Gonz谩lez y Manuel Lozano Garrido, y todos los dem谩s bienaventurados de nuestra Iglesia diocesana, la vida de don Pedro, en el cielo, siga siendo, como lo fue ya en la tierra, un canto de alabanza al Dios uno y trino, al Dios que es amor y misericordia infinita.
隆Am茅n!

Francisco Juan Mart铆nez Rojas
Vicario General de la Di贸cesis de Ja茅n y De谩n de la Santa Iglesia Catedral

Francisco Juan Mart铆nez Rojas (Vicario Gral. Di贸cesis de Ja茅n), 23/08/2016