Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

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Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático de la verdad en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Purif铆came t煤, agua de la humildad»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Premios Lolo de Periodismo Joven

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Segunda edici髇 del libro in閐ito del beato Lolo

El mayor incendio de la historia

El d铆a de Pentecost茅s es la fiesta del esp铆ritu Santo. Y los hechos de los Ap贸stoles describen aquel momento "Como unas llamaradas de fuego que se posaban sobre las cabezas de los Ap贸st贸les".

Entre los escritos in茅ditos de Lolo, se encuentra un libro, con gran estilo period铆stico, dedicado a comentar los sacramentos. Este art铆culo que hoy ofrecemos est谩 muy relacionado con esa vida de la Iglesia que se nutre de la celebraci贸n de los sacramentos. El libro in茅dito se titula: "Las siete vidas del hombre de la calle".

Rafael Higueras 脕lamo
(Postulador de la causa de Canonizaci贸n de Lolo)

El mayor incendio de la historia

Muchedumbres abrasadas por un fuego incontenible

Manuel Lozano Garrido
Cruzada, febrero de 1960

Ahora聽 mismo, en Harlem, cubre su primera ronda. La aguja inicia el tercer minuto de las cuatro. Al otro lado de la acera, una luz se ensancha escandalosamente en una ventana del piso octavo y en el silencio de la noche le llega apenas un d茅bil y febril tecleo de m谩quina. Mentalmente anota en la agenda: 鈥渘ormalidad鈥. Y se pierde en la noche.

Tras la ventana, el hombre polariza en las letras el latido ancho de su coraz贸n. Ha sido de pronto, al pulsar la T, cuando sobre la cinta surge apenas el chispazo de un pedernal que prende y se ensancha por la cuartilla y el calco. En el cigarrillo, el mantel y los cortinajes, el fuego toma ya un cuerpo de coloso, con su lengua sinuosa y corrosiva. Luego, todo se ha hecho planetario, potente como una erupci贸n solar, y arden los rascacielos, las avenidas, los 鈥渢rust鈥濃

A su vez, desde Hong-Kong un teletipo puntea: 鈥淭oda la ciudad arde. El viento aviva las llamas. Se cree empez贸 en un consulado鈥.

A la altura de Kenya, un mercante capta este mensaje, que interrumpe la emisi贸n de una radio-escuela colonial: 鈥淚ncendio en la selva, junto a refugio Mau-Mau. Propagaci贸n absoluta鈥.

En Londres, el 鈥淟loyd鈥 se cuartea como un terremoto: 鈥淭eher谩n, Kuwai, las 鈥減ippe-linee鈥 y los petroleros, consumidos. 驴Es el fin del mundo?鈥

EL ORIGEN DEL FUEGO

Los hombres, ahora, nos sentamos en las sillas met谩licas de las Agencias y minuto a minuto vamos copiando, con machaconer铆a, los nombres de Eisenhower, Jruschef, Adenauer y Macmillan. Todo el ancho ritmo vital de pulsos, sirenas, hoces y martillos parece que no tiene otro cauce que ese embudo estrangulado que se llama 鈥減ol铆tica鈥.

Y, sin embargo, si permaneci茅ramos fieles a la misi贸n de sincronizar el nervio de los acontecimientos, la cinta acusar铆a este cundir palpable y enorme del fuego de Dios, que va arraigando en los desiertos, las selvas, las grandes cumbres y las factor铆as como un ansia del amor de Dios por enriquecer el esp铆ritu del hombre. Con m谩s verdad que la constituci贸n de un 鈥渃artel鈥 o el anuncio de una conferencia de alto nivel se podr铆a hablar de la actuaci贸n espectacular del Esp铆ritu Santo y sus portentosas realizaciones. Un d铆a es un pobre sacerdote que arranca miles de viviendas a la muerte fr铆a de un ni帽o, u otro que restaura el clima de hogar de unos desplazados; los m谩s, en silencio, es una monja que se contamina investigando la lepra, el obrero que al doblegarse sobre la laminadora contagia un fulgor desconocido o el que tapia dolorosamente en los lagrimales la petici贸n hambrienta de sus siete hijos. Y as铆, cada segundo, sin que caigamos en su categor铆a de portento, el h谩lito fuerte de Dios va pasando como un meteoro dejando un rastro de almas incandescentes.

MICHICO SHODA SE CASA

Hace dos a帽os, las revistas nos fueron desgranando detalles de esa primavera que, con la boda de Aki-Hito, se abr铆a en el a帽oso tronco del Mikado. Uno piensa que hubiera estado bien ver al padre de Michico, que es cat贸lico, abrirse paso entre kimonos, lacas y crisantemos para subir al balc贸n de palacio y desde all铆 hablarle a los hombres rasgados del infinito amor de Dios y de su coraz贸n que se les ofrece para la absoluta felicidad. Y ya, puestos a milagrear, estar铆a bien, a su vez, o铆r al Presidente de Ghana en la Conferencia de Acera remachando a Cristo como el gran liberador de la servidumbre y el 煤nico camino de salvaci贸n. Es maravilloso este espect谩culo de un cielo abierto y el caudal del esp铆ritu verti茅ndose por entre luces brillantes.

Este deseo se refrenda y aviva al ir deletreando la historia de la Iglesia primitiva, condensada en los Hechos de los Ap贸stoles. En el don de lenguas y los prodigios, en la valent铆a, la sutileza y aquella arrolladora propagaci贸n de la voz, se toca el afanar majestuoso del Esp铆ritu que mueve la lengua de Pedro, derrumba a Pablo y acaricia ojos y t铆mpanos antes tapiados para la vida.

La verdad es que la santificaci贸n tiene hoy la misma potencia e id茅nticas ayudas que en el recinto de Pentecost茅s. La Iglesia, ya propagada, diluye en su Cuerpo amplio la misma fuerza comprimida en doce hombres; Lourdes recrea los portentos; Joaquina de Vedruna recibe su diploma de apta para la minor铆a de Dios y Newman, Carrel, Bernanos y Morente saltan a la verdad desde un marem谩gnum de tinieblas.

A CORAZ脫N PARADO

Ahora, el 鈥渕ilagro鈥 llega con olor de tinta fresca. En Barcelona, un tumor de laringe le ha jugado a Juan Garrigolas una buena pasada sobre la mesa de operaciones. Catorce minutos llevaba ya inerte su coraz贸n cuando el cirujano hubo de intentar la mayor aventura de su carrera. El bistur铆 zanj贸 con rapidez y una mano metida por entre las costillas arque贸 los dedos para retener la vida que se le fugaba como un raterillo. La mano amas贸 y amas贸 la v铆scera con la fuerza de una ma帽ana generacional y de pronto la presi贸n llam贸 de nuevo y otra vez el pulso se hizo cadencia y alegr铆a.

Con los progresos de la ciencia hemos de reedificar nuestro concepto de la muerte. Ahora ya hemos de plantear las cosas diciendo que en Juan Garrigolas qued贸 la vida circunstancialmente en reposo, esperando s贸lo el recurso de la ciencia.

Como en lo humano se han movido los dedos del doctor G眉ix, as铆 act煤a sobre cada alma el pensamiento santificante de Dios. La presencia del Esp铆ritu es como el agitarse de la mano grande, may煤scula, del Creador, que se recrea en el ritmo sonoro de las almas y en su golpe seguro y viril.

A la Confirmaci贸n, el canal espec铆fico para el soplo de Dios, se le podr铆a llamar al lado de ac谩 de la frontera cristiana, superando una existencia biol贸gica, pero tambi茅n con s贸lo esta ayuda sacramental quedamos nada m谩s enquistados y viviendo tenuemente un cristianismo vegetativo. Ir a la Felicidad rehusando el cable de amor que se nos tiende, es elegir la alpargata y el camino de herradura teniendo a disposici贸n un 鈥淰ampire鈥 o un 鈥淪abre鈥. Entre la pila bautismal y la unci贸n carism谩tica hay toda la diferencia que existe entre un derecho reconocido y un acto vivo y operante, entre un coraz贸n que da su golpe escueto, matem谩tico, y el que se acelera por la invasi贸n de la bondad, la gracia y la armon铆a que nos producen un ni帽o inocente, los naranjos en flor o las pupilas inefables de una chica bella. Pienso en ese se帽or que relata acad茅micamente en una tertulia y luego le sigue el muchacho que tiene salero, que tiene un 鈥渁quel鈥. La acci贸n del Esp铆ritu es como una plenitud e, incluso, como una superaci贸n divinizada de nuestra capacidad afectiva: la gracia, el 鈥溍gel鈥, todo junto y desbordado. O铆mos un latido y es nuestro latido, pero con un 鈥渘o s茅 qu茅鈥 que es de Dios.

LA SEGUNDA CREACI脫N

Por mucho que la vida nos zarandee, nunca agotaremos nuestra capacidad de asombro. La sorpresa, el Creador la ha ido desperdigando por nuestro camino y en cualquier reborde nos cruza su cara grande y redonda. A los detalles que se nos entreabren de Dios uno tiene que tributarle el reconocimiento de lo inesperado y maravilloso. As铆, jam谩s podremos agotar la riqueza de su humanizaci贸n, esa encarnaci贸n indefinida que empieza en un pesebre y se remonta hasta una Cruz, prodig谩ndose en recursos, como 茅ste de los sacramentos, por los que se nos canaliza la gracia de Dios a trav茅s de unas marcas sensibles.

Pensando en el fuego, el b谩lsamo, el perfume, las manos y la cruz, la Confirmaci贸n nos afianza en la idea de una segunda Creaci贸n. Sin que la obra generacional pueda tener sombras, en la Confirmaci贸n se centra un dulce y poderoso trabajar y ultimar el alma. Se dir铆a que el hacer divino necesitaba coronarse sobre la cooperaci贸n voluntaria del hombre mediante su libertad. Todos los frutos del crisma santo tienen en el umbral la marca de un 鈥渇iat鈥. Sobre 茅l Dios conmueve los cielos y surge la centella que tiene como meta la diana de un coraz贸n. La paz, la sabidur铆a, la clarividencia, el amor, la fortaleza, la fe van floreciendo en el huerto de nuestra alma siempre sobre el lenguaje de lo palpable.

DAL脥 Y EL SURREALISMO

A un cr铆tico le he le铆do que a la Madonna de Port-Lligat muchos no la entienden porque vamos perdiendo nuestra capacidad de s铆mbolo. No s茅 qu茅 habr谩 en ello, pero Cristo s铆 quiere que estas cosas que tocan a diario nuestros sentidos 鈥揺l arado, el pez, el aroma, la llama-, nos dicten tambi茅n entre alegr铆as, sudores y l谩grimas, el camino de la felicidad y la certidumbre de una plenitud gozosa en Dios. Por esto, si la santificaci贸n tiene caminos inveros铆miles, su p贸rtico oficial, concreto, es la Confirmaci贸n, y todos los dones se nos infunden en su momento por el camino tangible. Si alg煤n d铆a hemos de redondear nuestro fruto de espiritualidad sobre la palma de Dios, el punto de origen estar谩 en las manos extendidas de un Obispo, utilizado por el Se帽or como acequia de santidad. En el preciso momento en que 茅l nos cubre, las manos creadoras se estar谩n moviendo con la misma fiebre y la misma ansia que sobre la arcilla original. All铆 se nos dar谩 la unci贸n, la se帽al de nuestra elecci贸n, para difundir el Reino; el b谩lsamo, que es como un mandato de la emanaci贸n de Dios que ha de ser nuestra vida la Cruz, nuestra ense帽a de triunfo鈥

Si el Esp铆ritu Santo es el gran desconocido, hemos de reconocer que su Sacramento, la Confirmaci贸n, est谩 a煤n virgen para la mayor铆a de los cristianos y, por tanto, in茅dito al tamiz de santificaci贸n por el que debemos pasar todo el vivir.

OLOR A CRISTO

Ya, con este clich茅, es bueno volver a lo cotidiano y pulsarle a los hechos su aut茅ntica fisonom铆a. En la primavera de 1960, alguien escribe desde un sanatorio: 鈥淰ivo siempre esperando. S茅 que alg煤n d铆a 脡l ha de venir y entonces no habr谩n sido vanos estos catorce a帽os de tener a la vida dolorosamente sobre la carne鈥. En hogares, talleres, celdas, hospitales y aun entre sem谩foros, un dulce aroma expande cada minuto de entre las vulgaridades de los d铆as. Es el 鈥淢isterioso Perfume de la Perfecci贸n鈥, el 鈥渂uen olor de Cristo鈥, que levanta en los santos, ladrillo a ladrillo, el edificio glorioso de Dios.

Lolo, periodista Santo
(Blog de ReligionEnLibertad.com)
Beato Manuel Lozano Garrido, 31/05/2012