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La santidad
podría definirse de un modo sencillo como el seguimiento de
Jesucristo. Este seguimiento, de tal modo debe estar por encima de
todo, que el mismo Señor dice: “Si alguno ama a su padre o a su madre
más que a Mí no es digno de Mí” (Mat. 10, 37).
Este amor “preferencial” a Dios
sobre todas las cosas puede llevar incluso a dar la vida por Dios.
2.- Son miles y miles, “una
multitud incontable de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apoc.
7,9) los que han seguido las huellas del Señor. Y muchos de ellos lo han
hecho de modo heroico ya sea entregando la vida en el martirio por la
fe, ya sea en el cumplimiento “extraordinario del quehacer ordinario
de cada día”.
En un primer momento de la
Historia de la Iglesia, los seguidores de Cristo y de su Evangelio de
modo eminente fueron los MÁRTIRES (“mártir” en griego significa
“testigo”). Eran quienes “firmaban” con su propia sangre la confesión de
su fe y de su amor por Cristo.
También en nuestros tiempos
actuales hay mártires que entregan su vida por la fe; mártires a los que
se les arranca la vida por ser “testigos” del Evangelio.
3.- Pero pronto la Iglesia comenzó
a venerar de modo especial también a otros fieles cristianos que, sin
morir en la persecución, sin embargo habían llevado una vida
heroica en el seguimiento del Señor.
Este es el origen de los procesos
de canonización: la investigación seria y profunda que la Iglesia
realiza sobre una persona para mostrarla como fiel servidor del
Evangelio.
Hoy, este proceso riguroso, tiene
como una doble modalidad o camino: Por vía de martirio o por
demostración de la vida y virtudes heroicas del candidato.
Para esta tarea existe en Roma una CONGREGACIÓN (un dicasterio
o “ministerio”)
que, precisamente por esa su función lleva por título “Congregación para
las causas de los santos”.
B 4.- ¿Cómo se desarrolla una
causa o proceso de canonización?
Cuando de un cristiano puede
pensarse que murió por la fe (mártir), o bien que su vida y virtudes
fueron heroicas, la Iglesia tiene un profundo deseo de que esa vida
sea conocida y manifestada ante el Pueblo de Dios como un modelo de
seguimiento fiel de Jesucristo.
A partir de esa FAMA DE
SANTIDAD o de MARTIRIO, se comienza un proceso largo, minucioso, con
todo rigor. No es tanto una “glorificación” o premio para el que así
vivió o murió, sino más bien
la presentación de esa vida o muerte como aliento para el camino de los
demás. Algo así como aquello que San Ignacio de Loyola se preguntaba
cuando leía la vida de los santos mientras estaba herido antes de su
profunda conversión: “¿Lo que éstos y éstas han podido, por qué no lo
voy a poder hacer yo?”.
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