VIGENCIA

 

 

      La vigencia de un hombre, después de su muerte, está en función de lo que fue y de lo que hizo, y LOLO, que físicamente no pasó de ser,  desde su enfermedad, un remedo de hombre, fue, como contrapunto, un gigante de la Fe y de la superación del sufrimiento, que trocó en permanente alegría, constituyendo un autentico paradigma para el hombre de hoy:

  • Como joven militó en Acción Católica, en la que desempeñó cargos y ejerció el apostolado.
  • Como  seglar,  fue  un  cristiano   comprometido  y  pionero  de   los  postulados  del  Concilio Vaticano.
  • Como periodista, jamás se hipotecó a ningún tipo de intereses.
  • Y,  como enfermo,  sublimó su sufrimiento,  trocándolo en  el  mejor vehículo para su salvación eterna.

<  JOVEN: ESTA ES TU HORA >

Joven: esta es tu hora.
Te lo digo yo que tengo en ti puesta mi esperanza.
Joven: esta es la coyuntura,
para que el navío de tu alma
ponga proa por las singladuras
que son rutas
de heroicas hazaña.

Joven: entra en tu corazón y extiende las velas,
que te aguardan tierras por conquistar
y hay un espacio vacío que espera tu nombre.

Joven: tu fe, el rápido golpeteo de tu vida de gracia
se tensa como nervio de ballesta de arquero,
para saltar hasta la diana de un corazón que no sabe de Cristo.

Los bancos vacíos de la capilla aguardan,
quietos,
el peso fuerte de tus rodillas.
Hazle a Cristo la señal
para que vierta sobre la noche del que no cree
la torrentera bravía de tu gracia.

Joven: la fe que conseguiste sin esfuerzo,
es ruta sangrienta
para millones de almas que viven sedientas sin saberlo;
sentadas en el umbral con sombras de muerte.
No ignores más el tesoro de tu fe
y lánzate a rescatar
al gimiente entre harapos,
predestinado para ser tu hermano en el hogar inmortal
de los cielos.

Joven: esta es tu hora. Esta es tu coyuntura,
de capitanes esforzados y valientes.
Te lo digo yo, que tengo, en ti puesta mi esperanza.

 Manuel Lozano Garrido

                 ORACION: (Para la devoción privada)

Oh Dios, que abriste el tesoro inmenso de tu Amor a tu siervo Manuel para que él, sumergido en el dolor desde su sillón de ruedas, lo proyectase a los hermanos con su testimonio y escritos, concédenos que le sepamos imitar en su aceptación dócil y esperanza ilusionada, cuando el sufrimiento llame a la puerta de nuestra vida, y en su generosidad plena y ardor apostólico, cuando tratemos de darnos a los demás; dígnate glorificar a tu siervo Manuel y concédeme por su intercesión el favor que te pido....

 Así sea.

(En conformidad con los decretos del Papa Urbano VIII, declaramos que en nada se pretende prevenir el juicio de la Autoridad Eclesiástica, y que esta oración no tiene finalidad alguna de culto publico)