Escritor y periodista

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Máquina de escribir de LoloHay dos anécdotas que no quiero omitir. Cuando aún podía mover algo los dedos le regalaron una máquina de escribir. ¿Lo primero que escribió en ella?: “Señor, gracias. La primera palabra, tu nombre; que sea siempre la fuerza y el alma de esta máquina... Que tu luz y tu transparencia estén siempre en la mente y en el corazón de todos los que trabajen en ella, para que lo que se haga sea noble, limpio y esperanzador”.
   Y cuando recibe permiso para que en su “mesa redonda” se pueda celebrar la Eucaristía tuvo esta corazonada: “Tráete la máquina de escribir”. -¿Para qué ahora? ¡Estás loco! – “Qué sí, ea; aprisa; te la traes y la metes debajo de la mesa, para que así el tronco de la Cruz se clave en el teclado y eche allí mismo sus raíces”.

   ¡Las raíces! ¡Y cómo arraigaron en su vida y cuánto fruto dieron!