Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundaci髇 Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático de la verdad en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«Madurar cada d铆a un poco m谩s el coraz贸n, como la luz, como la flor, como la fruta, como la vida»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Una reflexi贸n del Beato Manuel Lozano ante la Pasi贸n de Cristo

Seguimos en Cuaresma

Uno de los muchos art铆culos que podr铆an catalogarse en una secci贸n titulada as铆: 鈥淟a m铆stica del dolor鈥. Son un paquete de m谩s de una centena de art铆culos de prensa con esa tem谩tica. Sobre todo los publicados en 鈥淪INA脥鈥, la obra fundada por el Beato Manuel Lozano Garrido: Grupos de oraci贸n y dolor ofrecidos por la prensa.

En este art铆culo Lolo se entretiene en hablar del valor, (as铆, 鈥淓L VALOR鈥), la eficacia y fruto de la vida de los enfermos 鈥榤isioneros鈥.

Pero el art铆culo va m谩s all谩; no es solo para enfermos; cada uno que vive la Cuaresma desde la fe, puede encontrar valor, un valor profundo, en las contrariedades de la vida. Y as铆 se puede decir 鈥渜ue la Pasi贸n de Cristo no ha terminado鈥.

Rafael Higueras 脕lamo
(Postulador de la causa de Canonizaci贸n de Lolo)

La pasi贸n de Cristo no ha terminado

El sufrimiento, gran financiero de las Misiones

Manuel Lozano Garrido
Revista 鈥淐atolicismo鈥, n潞 216, 21-VI-1960

Al hablar de redenci贸n, los cinco huecos de Dios sobre el Calvario nos han filtrado聽una palabra con misterio: dolor. Algo muy grato tiene que haber bajo ese caparaz贸n de erizo cuando el sufrimiento nos llega con un clar铆simo marchamo de amor. Alguna relaci贸n ha de mantener el dolor con la felicidad cuando las heridas y la sangre est谩n religadas a los d铆as rojos de cada hombre. La maternidad permanente, el nacimiento de los hijos, el mismo enamoramiento que discurre bajo unas acacias tienen en el umbral el ancho cauce de una herida. Y es que el dolor, cuando ensavia de ternura toda su escalofriante corteza de gritos, sube al hombre a un p贸dium de transfiguraci贸n y de gloria.

INYECCIONES Y FLORES

Ahora el teletipo tamborilea con una hermosa nostalgia de tulipanes. En Holanda se ha descubierto una composici贸n que, inyectada en el tallo de las flores, mantiene la gracia y el aroma por un tiempo indefinido.聽La Agencia聽acompa帽a la noticia con un clis茅 en el que, en un primer plano, todo el barroquismo del clavel y la dureza inapelable de una aguja hipod茅rmica nos crispan en su 谩spera oposici贸n. Al fondo, una sonrisa publicitaria de chica resbala, in煤til, sobre nuestra piel de gallina.

La verdad es que toda la potencia de evasi贸n que se configura en la epidermis de un clavel la captan con agrado esas cinco antenas que son nuestros sentidos. Al o铆do, los ojos, etc., les tira hacia lo sensible su fiebre de vegetaci贸n biol贸gica. Pero la imagen por la imagen, la tarta de crema como ansia, apenas si remontan la funci贸n de la placa de nitrato o la b谩rbara pitanza del ganado. Lo natural del paisaje es que nosotros le pasemos las pupilas en funci贸n de una l铆nea de belleza. Lo l贸gico es pensar en el perfil de una mujer como un punto de conocimiento para la fraternidad o el amor.聽Lo sensible es as铆 como el punto de origen para una recreaci贸n espiritual. El hombre palpa, mira y escucha, abocando su naturaleza a la amistad, la belleza y la bondad, que forman, en suma, un cometido espiritual, lo que da la diferenciaci贸n humana. La relaci贸n esp铆ritu-cuerpo est谩 sellada con una marca de jerarqu铆a; el alma, como director de Empresa que resuelve, y la fisiolog铆a, como el ordenanza que suministra los informes. Cuando esta trabaz贸n se invierte, cuando el instinto se a煤pa sobre el entendimiento y la voluntad, es ya una pobre funci贸n animal la que usa el dict谩fono y la mesa de oficina.

EL GRAN RESTAURADOR

Mas, 驴c贸mo rehabilitar el trono de un hombre humillado? 驴C贸mo desarticular la fuerza del bruto que se encumbra?

El dolor es el gran restaurador, el valiente apelativo que mina los pies de barro del gigante. Una 煤lcera o un fracaso son como un se铆smo que tambalea el engreimiento de los cinco puntos sensibles. El dolor se enreda en las extremidades o el aire de los pulmones y le pone a la carne una cita de limitaci贸n. Por el contrario, la queja o la angustia toman al esp铆ritu y le agitan su ra铆z inmortal. La enfermedad nos hace crecer聽 - junto a la mesita de noche- 聽el raciocinio y los prop贸sitos, el sentimiento y la permanencia de algo hermoso y sin l铆mites que nos bulle en lo hondo. Es as铆 que, basculando los sentidos hacia la tierra y aupando el platillo de las potencias,聽el hombre vuelve a 鈥渟er鈥 con el sufrimiento. Y 鈥渟er鈥 significa salir de una parcela de ego铆smo para entrar de nuevo en la esencial vocaci贸n de amor. Una criatura restaurada es la que reaviva las brasas del coraz贸n, las siente crecer y piensa en conducirlas como una antorcha para que se haga tea la entra帽a del compa帽ero o la del hombre de mono que pide lumbre por la calle. El dolor, quebrantadas las v茅rtebras del ego铆smo, reanuda la generosidad del hombre; la mujer o el padre que sufren, viven en fruto la prueba que las c茅lulas le suben a la espiritualidad. El hombre que ve que el cuerpo se le cuaja f铆sicamente en molde de plegaria, y acepta, siente que los lamentos le van redondeando una curva de fruto que levanta y acerca a los dientes del Padre y de las criaturas para que gocen las primicias sabrosas.

COMO UN PLAN MARSHALL

El sufrimiento, por tanto, don, fuente de Gracia, octavo Sacramento, cheque en blanco, dividendo en las manos de Dios que 脡l sustancia con los m茅ritos de su Pasi贸n y trasiega al forcejeo de luces del que ignora, a los chinos o hind煤es a los que se les cuartea una mitolog铆a pagana, al vac铆o del tam-tam, la casta o la rebeld铆a que fracasan.聽El dolor, savia del Cuerpo M铆stico, linfa de聽la Iglesia, oro que capitaliza la econom铆a misionera.

La Redenci贸n聽es as铆 de taumat煤rgica. El amor es as铆 de transverberante. Una joven calla y reposa cara al cielo, y su palabra la van canalizando los hombres que evangelizan junto a la malaria, el Mau-Mau o el rito de fuego. Cada lecho de dolor de un sanatorio o de un hogar, cada sill贸n de ruedas tienen sobre la cabecera el espaldarazo de un crucifijo misionero. El silencio, la quietud, la fiebre o la herida purulenta son como part铆culas de ese gran 贸leo santo que se extiende y empapa, hincha y transfigura la geograf铆a espiritual del tr贸pico, la selva o la tundra.

Como no pondr铆amos una cerilla ardiendo en el eje de un billete de banco, tampoco a su vez se puede dilapidar esa veta de oro que se detenta en los sanatorios, las camillas o las casucas sangrantes de los pueblos. Una r煤brica, cierta intenci贸n oferente puesta en la cartulina de la organizaci贸n misionera, supone un nuevo orfelinato espiritual, encerado en aulas de conciencias, moles blancas para que cicatricen los corazones.聽La Uni贸n聽de Enfermos Misioneros es, en realidad, como un plan Marshall de gracia con el que se financia el Verbo, los pasos y la generosidad de los enviados de Dios.

Lolo, periodista Santo
(Blog de ReligionEnLibertad.com)
www.amigosdelolo.com, 26/03/2012