Jesús, el que desde el Monte predicó las Bienaventuranzas, presta a Lolo la “cátedra”, la “piedra” desde la que Él -allí sentado- las proclamó.
Y Lolo se lanza al interior del corazón de Cristo y se pone a explicarnos la felicidad -la Bienaventuranza- como si el mismo Jesús la hubiera explicado hoy en “reportajes” de prensa.

1ª edición 1969. Prólogo de Jose Maria de Llanos y Pastor S.J.
2ª edición. Prólogo de Jose A. Martínez Puche.