CREO en el sufrimiento como en una elección y quiero hacer de cada latido un sí de correspondencia al amor.
CREO que el sacrificio es un telegrama a Dios con respuesta segura de Gracia.
CREO en la misión redentora del sufrimiento. Me acercaré a quien sufre como el relicario que guarda el "Lignunm-crucis" de la Pasión.
Doy un margen de fe al dolor en lo que tiene de poda necesaria y viviré en silencio mi hora de germinación, con la esperanza a punto.
CREO en la función útil de la soledad. Los pantanos se hacen en las afueras, para recoger la fuerza del agua y luego devolverla en luces y energía.
CREO que la acción y sacrificio cristianos se traban como la era y la lumbre de un cirio. Cuanto más pura es una inmolación tanto más resplandeciente su testimonio.
CREO que la inutilidad física revierte en provecho espiritual de todos. El arco iris de la Redención se tensa desde la inmovilidad de un niño hasta la invalidez que dan los clavos de una Cruz.
Daré a Dios los panes y los peces de mi corazón para que ÉL los convierta en milagro de salvación para todos.
Árbol de Dios, con raíces y ramas, viviré con las rodillas atornilladas y las manos metidas en las estrellas, encaramando nuestra savia y porteando hacia abajo la cosecha de la Gracia.
Manuel Lozano Garrido, Lolo
Presentación con imágenes y música, realizado por el Hno. Abdón [descargar Zip - 2,50MB]
El periodista, catedrático en la universidad de la vida.
Con la rapidez, la información ha ganado en veracidad y altura. El católico debe utilizarla como una mano evangélica que se tiende.
Los diarios sólo cubren el 25% de la Humanidad. Nada como el catolicismo puede llenar de amor ese vacío.
Voy a hablar de un hombre. No conozco su fisonomía, ni sus apellidos, ni si es de pueblo o de Capital. He sabido de él por una noticia y ya conocéis que el periodismo es como en el cuadro de Sorolla, que busca sólo el pescado -la noticia- sin importarle las criaturas que quedan en la cuneta.
Los cristianos debíamos sentir de continuo el escalofrío. No hay minuto del día en que unas manos consagradas no toquen realmente a la misma persona divina a quien debemos la Redención.
Tú, mi Cristo crucificado, ¿qué prefieres: que digan que vales centenares de miles de pesetas o que te pongan un precio de treinta monedas? Dirás que tan malo es lo uno como lo otro y que Tú nada tienes que ver con lo amarillo.
El paso procesional y solemne del Sagrado Viático, feliz retorno de una tradición, no puede escapar sin un comentario, a todas luces preciso.