Las previsiones de la organización se han cumplido: ¡Alrededor de 15.000 personas y cerca de 20 obispos y de 200 sacerdotes han participado en la Ceremonia de Beatificación del linarense Manuel Lozano Garrido, el primer cristiano beatificado en nuestra tierra y el primer periodista español beatificado...!
Sobre las 5 de la tarde, en torno a 150 autobuses y cientos de automóviles se ponían en camino hacia Linares. La previsión meteorológica era de lluvia en la provincia de Jaén y en Linares, y no se equivocaron. A pesar de todo, nadie se echó atrás por este motivo: ni un autobús dejó de salir, ni un feligrés se quedó en tierra.
A las 5:30 de la tarde comenzaban las primeras gotas. Conforme nos acercábamos a Linares la lluvia arreciaba. La entrada al recinto ferial, a las 6:30 de la tarde, la hacíamos bajo la incomodidad y molestia de los paraguas. Al llegar nos encontramos la sillas mojadas. Poco a poco, nos fuimos colocando en nuestras áreas perfectamente señalizadas y percatándonos de toda la infraestructura montada. Cinco minutos antes de las 7:30 de la tarde, hora de comienzo, dejó de llover. Con los paraguas cerrados, mientras la cruz y los ciriales abrían paso a la procesión de sacerdotes y Obispos, podíamos ver la inmensidad de personas que estábamos reunidas en una tarde intempestiva y ante la pobre figura de Lolo. Parafraseando al Apocalipsis, teníamos la sensación de que se trataba de una muchedumbre inmensa que nadie podría contar: ¿10.000, 15.000, 20.000? ¡Había mucha gente!
La Misa dio comienzo con un cielo apaciguado. Al poco de empezar, nuestro Obispo D. Ramón del Hoyo López con el postulador D. Rafael Higueras Álamos se acercó al Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos D. Angelo Amato y le recordó la petición que, como Obispo de Jaén, había hecho al Papa para que inscribiera en el número de los Beatos a Manuel Lozano Garrido, por todos conocido como "Lolo" e hizo una breve biografía de Manuel Lozano.
Mons. Angelo Amato, representante del Papa para esta celebración, leyó solemnemente en latín la Carta Apostólica en la que el Papa Benedicto XVI inscribe en el Libro de los Beatos al Siervo de Dios Manuel Lozano, Lolo. Terminada la lectura del documento papal, se desplegó el tapiz gigante de Lolo. Tras ello, Don Rafael, el postulador de la causa de beatificación, leyó de nuevo la Carta en español. A continuación se oyeron las campanas de las Iglesias de Linares, a la vez que un grupo de hombres (amigos de Lolo) procesionaban la urna con las reliquias del nuevo Beato que fueron colocadas junto al altar e incensadas. El acto, que se realizó entre aplausos continuos de los asistentes, concluyó con el agradecimiento del Sr. Obispo al Santo Padre y con el abrazo de D. Ramón y D. Rafael al Prefecto de la Congregación Romana. La solemne concelebración continuó con normalidad con el canto del Gloria.
Como signos significativos cabe destacar algunos: Durante toda la Misa hubo una intérprete con el lenguaje de los signos para sordos. La primera lectura del libro de Job la leyó un invidente, que resaltó las palabras de esperanza: "Yo sé que está vivo mi Redentor... yo mismo lo veré, y no otro, mis propios ojos lo verán" (Jb 19,21-27). Otro detalle tuvo lugar durante la procesión de ofrendas, en la que uno de los dones fue presentado por un discapacitado en silla de ruedas.
Durante la homilía de Mons. Amato comenzó nuevamente la lluvia, que se interrumpió durante la consagración, y arreció durante la comunión, para terminar diluviando tras la bendición.
Los que participamos en la ceremonia de beatificación terminamos con los pies mojados, aunque con la sensación de haber vivido un acontecimiento histórico para nuestra diócesis de Jaén. Mojados pero contentos, un poco como salieron los discípulos del Sanedrín.
Por último, dejar constancia de la valentía y fortaleza de los participantes en la Misa de beatificación. A pesar de encontrarse muchas personas mayores y bastantes discapacitadas, nadie abandonó su sitio hasta el final...
Posiblemente esto es lo que nos atrae de Lolo: su testimonio de que es posible encontrar una especial alegría en el sufrimiento... ¿No es éste el Misterio Pascual de Jesucristo? ¿No es éste el kerygma que la Iglesia lleva proclamando 2000 años?
Julio Segurado Cobos
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El pasado 19 de Diciembre el Santo Padre Benedicto XVI se ha dignado aprobar el carácter milagroso de la curación atribuida al Venerable Manuel Lozano Garrido. Con ello podemos esperar fundadamente que, en fecha próxima, se pueda celebrar la ceremonia de la Beatificación de este joven laico, que nació y murió en Linares (1920-1971).
El arzobispo Ángelo Amato (Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos) acaba de visitar Madrid, para la celebración de la festividad de Santo Tomás de Aquino en la Facultad de Teología San Dámaso. España es últimamente un destino muy habitual en su agenda. «¡Hay demasiados santos españoles!», bromea.
El Sr. Obispo de la diócesis de Jaén ha realizado esta visita a Roma durante tres días para tratar en el Vaticano varios asuntos diocesanos, entre estos, la beatificación del Venerable Manuel Lozano Garrido «Lolo».
La Urna ha sido donada por un fervoroso admirador del Venerable Lozano Garrido y dentro del cofre se depositarán los restos en una preciosa bolsa, confeccionada por las MM. Dominicas de Jaén, en la que figura el nombre de Lolo y los símbolos de la Eucaristía y de la Virgen María, como las dos grandes devociones suyas; y en la parte inferior, el anagrama de la A.C. y un dibujo del sillón de ruedas.
El día 3 de Noviembre 2009, se cumplían 38 años de la muerte de Lolo. Con tal motivo se celebró una misa en la Parroquia de Sta. María de Linares por él y por todos los difuntos de la Asociación de amigos de Lolo, que partieron a la casa del Padre en el último año.
Al final se rezó un responso junto a la tumba de Lolo. Dios nos conceda que el año próximo, en esa fecha ya haya sido declarado oficialmente BEATO, y podamos celebrar su glorificación.
Madrid, 31 de octubre de 2009.-
La Unión Católica de Informadores y Periodistas de España (UCIP-E) ha otorgado el premio Lolo de Periodismo Joven, en su primera edición, a María Gómez Fernández, redactora del semanario Vida Nueva.