Sitio Oficial del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo

Fundación Beato Manuel Lozano Garrido
Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo:
El primer periodista seglar elevado a los altares
"El periodista es catedrático en la universidad de la vida" (Beato Lolo)

«De Dios, dime primero que es Padre y luego me dices lo que quieras»
- Beato Manuel Lozano Garrido -
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Premios Lolo de Periodismo Joven

Laura M. Otón, IX Premio Lolo de Periodismo Joven Irene Pozo Hernández, VIII Premio Lolo de Periodismo Joven José Beltrán Aragoneses, VII Premio Lolo de Periodismo Joven Cristina Sánchez Aguilar, VI Premio Lolo de Periodismo Joven Laura Daniele, V Premio Lolo de Periodismo Joven Samuel Gutiérrez, IV Premio Lolo de Periodismo Joven Pedro J. Rodríguez, III Premio Lolo de Periodismo Joven Pablo J. Ginés, II Premio Lolo de Periodismo Joven María Gómez Fernández, I Premio Lolo de Periodismo Joven
Segunda edición del libro inédito del beato Lolo

Verano con Lolo, el Beato Manuel Lozano

En el verano, en nuestra tierra del sur, con sus calores, controlando la luz y el aire, con un buen uso de puertas, persianas, cortinas y ventanas se puede medio vivir; y contarlo, que es lo que importa. Se supera y vence al calor en cada hogar.

Un día 9 de agosto vio la luz en Linares Manuel Lozano Garrido. Era el año 1920. A Lolo no le faltó la protección amorosa de su casa para conectar con la vida de su pueblo, desde el primer aire que respiró. Aire ardiente, de calor, de fortaleza, de desafiar al tiempo y a la vida.

En este verano me llegó un libro pequeño y manejable. Es muy sabroso. Lleva por título: “Manuel Lozano ’Lolo’, ¡enséñanos a orar!”. Afronté la lectura con rapidez. Me di cuenta, bien pronto, que las prisas no son buenas, y que la lectura de los escritos de Lolo no se puede realizar con velocidad, aunque el libro sea pequeño.

Para abrir boca, aparece un prólogo que sitúa al lector. Esta misión la hace un buen conocedor de Lolo bajo la óptica de cristiano, escritor, enfermo y hombre de oración; sabe bien el prologuista del autor, en su momento escribió sobre él un libro. Sigue un entramado con una semblanza biográfica para adentrarnos en el mundo del ya Beato de la Iglesia, dándonos a conocer sus fechas, viajes, escritos, publicaciones, enfermedades, muerte y el proceso hacia los altares. Y entra en el meollo más interesante de este gran seglar como testigo, maestro, guía y compañero en la oración. Así llegamos a los textos más enjundiosos que rezuman comunión e intimidad con el hombre y Dios. Y escojo un pequeño ramillete de este sabroso alimento oracional: “Rezar es una necesidad del amor de Dios, tan vital como el hambre de pan o de fortaleza para los músculos. El hombre que se sabe tentado y se siente abrumado por el peso del mal, se eleva en la esperanza del Dios que redime”. Parecería que por esta experiencia pasamos todos. Y si nos levantamos mirando a lo alto, mejor.

“Y de pronto la entraña creadora es dulcemente arponeada. La saeta al rojo vivo de nuestra oración entra filialmente y transverbera las entrañas divinas. Dios –Padre- se hace todo don y el surtidor de la Gracia empieza a cantar como el manantial subterráneo que encuentra su escapa en el suelo”. Es imposible no evocar la experiencia mística de Santa Teresa, narrada dos veces en sus obras, que dejó esculpida Bernini en su “éxtasis” marmóreo.

“¡Qué bien se reza esta noche aquí, en este templo que tiene una bóveda de estrellas movedizas y entre una polifonía de arroyos despeñados, trotes de gacelas y dulces alborotos a distancia de perros y de grillos! ¡Qué Dios este tan inmenso, tan tierno, tan palpitante, tan poderoso, que tan directamente nos oye, que casi le tocamos las mejillas!”. El placer de nuestra tierra, y en las noches amables, en medio de la naturaleza, recuerda a los días de Fray Juan de la Cruz en la Granja de Santa Ana (Santisteban del Puerto) o al aire y movimiento del Cántico Espiritual.

“La oración es como un talonario de cheques que Dios consigna a nuestro nombre, mientras dice: “Hala a repartir dinero por el mundo”. Que luego tengamos el taquito abandonado en el cajón de la cómoda y no le demos más valor que al papel que envuelve los bocadillos, son primadas nuestras. La oración es eso: una grúa que coge los ladrillos en volandas y los encarama al rascacielos que la sociedad tiene entre manos”. De talonarios todos sabemos algo, y Lolo es tan práctico que lo aplica a la gracia de Dios, puesta en nuestras manos cada día, para ir tirando y repartiendo dinero, favores, gracias con la misma facilidad que la grúa eleva los materiales en la construcción.

“Me gusta tirarle de veta a la mina del talonario” […] Aparentemente todo sigue anodino y vulgar, y como siempre, pero yo sé que el fruto santo de Dios lo lleva el mozo metido en el corazón como una penicilina retardada y en algún minuto de su vida le ha de crecer en salud”. Y remata este ramillete del orante con la misma vía del talonario trocado en el efecto salutífero del alma como la penicilina para el cuerpo. Sin duda alguna es buen libro para este verano.

Francisco Víctor López (Carmelita Descalzo), 09/09/2016